Mostrando entradas con la etiqueta Redes sociales. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Redes sociales. Mostrar todas las entradas

Digital health and healthcare organisation strategy: four views, one vision.

Article posted on: August 15th, 2016 in the HIMSS Europe blog. Revised August 30th, 2016. Reposted with permission of HIMSS Europe.

The role of healthcare CIOs has been changing in recent years.

Initially they were a sole system’s Kerberos that was refractory to any kind of innovation, with a mindset limited to solve administrative, financial tasks.

Now, they have a more global mindset, watching over the whole organisation, and have taken on the role of the CEO’s right hand man. They are switching the focus of IT systems and services from being cost centers to being profit centers. They are conscious that their work impacts the way care is delivered and how patients / customers perceive quality of service.

But the challenges are increasing: the next step is ensuring that IT-related activities fit healthcare organisation strategy. It is key that these activities are fully aligned with the strategy defined by top management.

How can this be done?

Aligning IT with the organisation’s strategy
Let me introduce the concept of the balanced scorecard. The balanced scorecard is a way to align the entire organisation to the strategy and also to measure their performance. First described by Robert S. Kaplan and David P. Norton in the article, “The balanced scorecard – Measures that drive performance”, in the Harvard Business Review January-February 1992 issue. It was seen as revolutionary back then, because they were the first to say “what you measure is what you get”.

The balanced scorecard is defined as a set of measurements that give top management a fast, but comprehensive view of the business. And Kaplan and Norton point out that the operational measures drive financial performance.

Let me adapt it for a classical healthcare CIO role.

Courtesy of Costaisa Group ®

For them, a balanced scorecard offers a view on performance from four different perspectives: Production & Innovation, People, Customers & Patients and Financial. The healthcare CIO needs to focus on getting the best performance in each one of these areas.

Let me step into the shoes of a healthcare CIO for a moment.

Production & Innovation 
In this area we could identify for example EPRs, telemedicine and fully integrated tele-monitoring systems. We should work to avoid isolated information silos and we should be focused not only on recording data correctly but also on how to extract knowledge from this data, too. 

Initiatives such as programs to improve delivery of service to e-patients, practice communities to empower GPs, and data mining systems that could deep dive into our data repositories (big data), or perhaps programs to explore local patient behaviour in social networks that can be filtered for our community. 

This could also include, all the activities related to innovation and the different approaches to it, and could even consider searching “put-to-market” scenarios. 

People 
Our healthcare professionals. Our most valuable asset. We should empower them by promoting a culture of collaboration, across departments, with the aim to share knowledge. We should unlock the incredible power of corporate social networks. 

We could improve the visibility of our healthcare professionals helping them to build strong digital identities, through professional networks like LinkedIn, social networks like Facebook and Twitter, even supporting them in the creation of a strong professional blog ecosystem. 

It’s the best way to involve our healthcare professionals; without them, its impossible to avoid failure. 

Customers & patients 
We should improve the communication channels between patients and the healthcare organisation. And that means all channels. Social networks is a crucial part of this. 

A strategy of starting conversations via social networks is a necessary first step. Every citizen should be able to ask us using the communication channel they prefer and need to be answered in a very short time. The use of apps, mobile devices, and even the possibility to ask our professional’s anonymous questions should be considered. 

Financial 
Who pays the party? Because It’s necessary to know how to finance it. Donations? Corporate responsibility? Government funds? Advertising? 

The only limit is our imagination. 

Footnote 
CIOs should be prepared to play a determinant role in their healthcare organizations. They have got a well-trained mind. They are able to deploy paperless scenarios (and not only at a clinical level, trust me). They have got entire healthcare processes in their heads. The consequence should be better delivering of care, along with a better and more collaborative way to deliver it. 

Having a CIO’s unique view of the whole healthcare organization is the key for success. 

This is one of topics to be discussed at the new HIMSS Europe World of Health IT (WoHIT) Conference & Exhibition which will be taking place on 21–22 November 2016 in Barcelona, Spain (www.worldofhealthit.org).

La mente colmena.

4 de noviembre de 2014. 50 personas reunidas en un garaje. WiFi, futbolín, bebidas. Buen rollo a espuertas. Una misión: Juntos contra el aislamiento digital. Un ambiente adecuado para dar rienda suelta a la creatividad del grupo. No hay espacio para lurkers.

Se establecen diferentes grupos de trabajo, cuyos integrantes van cambiando con el tiempo. Llega el momento de coincidir con el resto de mi grupo, el mixto, liderado por la Sardar Sherpa Esther Román, y compuesto por Iñaki González, Lara Hernández, Paula Traver y un servidor.

Aparece la expresión "mente colmena". 

Se produce un momento de silencio.

¿Qué es una mente colmena? Fácilmente lo podemos asociar a una organización social basada en el modelo de las abejas. Vamos a ir un par de puntos más allá.

La definición clásica de mente colmena bien pudiera ser la capacidad de organización de un grupo de trabajo interdisciplinar (o multidisciplinar) y donde prima la horizontalidad: nadie es más que nadie y sólo prima el bien común. Como definición, bien, pero poco ambiciosa. 

Mi visión de la mente colmena es que todos y cada uno de nosotros somos nodos en una red global, en la que cada uno aporta su conocimiento y su experiencia. En la que cada nodo confía plenamente en los conocimientos y experiencia del resto de nodos. En el que un nodo no tiene necesariamente cómo saber hacer una tarea sino quién posee el conocimiento necesario para realizarla. En el que cada nodo tiene una base cultural amplia y suficiente madurez para compartir, para dar, para recibir. Para enseñar, para aprender. Es la escucha activa, la asertividad, la empatía. Es el trabajo en red, es la cultura en red. Es el conocimiento, entendido como la capacidad de compartir experiencia y visión. Es el liderazgo compartido. Es la generación pura de emoción.

Esto es un #sherpas20. Yo lo soy. ¿Nos acompañas?

Conversaciones con Maléfica.

"Maléfica" (C) Disney
El domingo pasado mis hijas y yo acudimos a una sala de cine para ver "Maléfica". He leído críticas de todas clases, pero a nosotros nos gustó mucho, fuera de la escena de acción final, en la que mi hija pequeña (9) lo pasó un poco mal.

Pero la razón del post no viene por la película en sí -recomendable- sino porque es costumbre que lleguemos a todas partes con bastante anticipación, así que -para no variar- llegamos con 30 minutos de antelación. Pudimos disfrutar de unos buenos de 15 minutos en una sala en penumbra totalmente solos y aproveché para hablar con mis hijas, sobre todo con la mayor.

Para poneros en antecedentes, las dos disponen de tablets Android, protegidas por Norton Internet Security, usan bastante la tablet para jugar, pero también desde hace poco también usan Hangouts para chatear entre ellas, conmigo y con sus amigas.

De hecho, la alarma saltó porque a la mayor, el sábado por la noche, mientras chateaba con una amiga, ésta la invitó a un grupo Hangouts de niños y niñas y quisieron hacer una videoconferencia grupal. Mi hija habló conmigo -dado que iba en pijama- y en principio entendí que sólo había tres niñas implicadas en la conferencia. Hubo un problema en el sistema que le impidió hacer la conferencia y como ya era tarde la mandé a dormir. Por la mañana me explicó que también había niños en el grupo y que en aquel momento había dos que estaban activos. Las tres niñas iban en pijama.

Dado que tengo sus credenciales de acceso, revisé el chat y no vi nada en la conversación que no fuera una charla inocua de niños y niñas de la misma edad.

Puede que no hubiera pasado nada. Tal vez soy un poco paranoico, me diréis. Pero me sorprendió que mi hija, cuyo portátil tiene una pegatina en la webcam -puesta por ella- porque los Mossos acudieron a su centro para hacer una charla sobre seguridad en Internet y alertaron del peligro de las webcam -sexting, etc.-, consintiese una videoconferencia en la que solo conocía a su amiga; el resto eran desconocidos. Probablemente para la amiga no lo eran, pero...

Fresca tenía otra alerta, esta lanzada por mi ex-pareja sobre los grupos de Whatsapp que se habían creado los niños de la clase de mi hija mayor -de 26 niños, solo dos no tienen smartphone, una de ellos mi hija- y que dentro del grupo de mamis una psicóloga infantil lanzaba una advertencia sobre la necesidad del control de contenidos que estaban generando los niños porque -palabras textuales- se iban a hacer daño

Más allá de la polémica que generó esta afirmación -pues hay mamis que se sintieron ofendidas por el comentario- tal vez tenemos que volver a insistir en la supervisión y acompañamiento del menor en este tipo de tecnología para que adquieran criterio. Son herramientas estupendas, pero hay que recordar que todo depende del uso que se les de.

En la conversación que tuve con las niñas, les explique que tenían que ir con cuidado, sobre todo con las imágenes, y que cuando se encuentren en una situación que no vean clara siempre retirarse de la conversación. A la mayor le dije que estaba relajando medidas de supervisión como muestra de confianza en ella y porque ya la veía más madura, pero esto no significaba que no estuviera alerta; sencillamente no iba a ejercer una vigilancia continua

Hablamos también de redes sociales -las dos tienen cuentas en Twitter, pero aún no tienen acceso al mismo- y a la mayor le comenté que sí, que tendría Facebook siempre y cuando yo estuviera como amigo. La pequeña me preguntó si tendrían las credenciales de acceso y les dije que no, que más adelante dispondrían de ellas.

No hay que bajar nunca la guardia...

Antivirus: What's else?

Tras las declaraciones del vicepresidente de Symantec en el Wall Street Journal, en el sentido de que los antivirus sólo eran capaces de proteger sólo ante un 45% de ciberataques, cabe hacer algunas reflexiones.

Como decía el director de Investigación de Panda Security en La Vanguardia, cada día se detectan 80.000 amenazas nuevas y se intenta que el usuario esté protegido ante el mayor número posible, lo más cerca posible del 100%.

Cabe decir que actualmente las amenazas no tan sólo las componen los virus clásicos, sino que estaríamos hablando más del concepto de "código malicioso", mucho más amplio, y del cual no se puede despreciar ni mucho menos el que se introduce en nuestros dispositivos mediante la llamada "ingeniería social", y no sólo nos referimos al phising. ¿Cuántos de vosotros no habéis visto el anuncio del "espía" de las conversaciones de Whatsapp?

Incluso algunos protocolos, como el SSL, recientemente se descubrió que tenían una vulnerabilidad -HeartBleed- que obligó a muchos de nosotros a cambiar las contraseñas de los servicios más populares de Internet, empezando por Gmail... Incluso aparecieron herramientas, como esta, para comprobar si un sitio web especifico estaba libre de riesgo.

La protección absoluta no existe, y no tan sólo es necesario tener un antivirus, sino algo más sólido, que al mismo tiempo nos proteja de malware, de amenazas de intrusión desde Internet... Mantener el equipo actualizado con los parches de seguridad que el fabricante vaya liberando, no usar software pirata, y cuidado con las descargas tipo Emule o Torrent: el peligro acecha desde el archivo que contenga la película o incluso los ejecutables que contienen los subtítulos en español.

Cuidado también con los correos que nos pidan datos personales, aunque vengan de fuentes aparentemente de confianza: seguramente son intentos de phising.

Atención usuarios de redes sociales: cuidad el uso de contraseñas y controlad los permisos de aplicaciones que se quieren conectar a vuestros datos de Facebook o Twitter. No pocos problemas vienen de este comportamiento. La mayoría de aplicaciones son seguras, pero no todas. Precaución.

Navegar por sitios web seguros: hay algunas páginas que están llenas de malware y que visitarlas sin la protección adecuada es muy arriesgado. Lo mejor es no hacerlo.

Así que para poder trabajar de una manera segura, protección antivirus y anti malware, protección ante amenazas de Internet mediante firewall, cuidado con las descargas, navegar por páginas seguras...

Tened clara una cosa: la seguridad absoluta no existe. Para los usuarios de Mac tampoco: hay menos amenazas que en Windows, pero haberlas haylas, como las meigas.

Institutos y #Facebook.

A mi hija mayor ya le ha llegado el momento de dar el salto: pasa de primaria al instituto. Como comprenderéis, tanto su madre como yo estamos prestando la máxima atención a este asunto.

Mi hija y yo acudimos a la charla que dieron a los padres en el que se especificaban los pasos y trámites para poder ir al instituto y cuáles eran los criterios de elección. Mi ex y mi hija fueron a la jornada de puertas abiertas del instituto de elección. Y es de esta charla de la que os quería hablar hoy.

En la sesión que mantuvieron con la directora del centro, aparecieron diferentes temas, pero dos de ellos provocaron la alerta de mi ex: los móviles y las redes sociales.

En cuanto a los móviles -para ser más exactos smartphones- en estos momentos ya gran parte de las compañeras de mi hija disponen de un smartphone. Abundan los Android de gama media o baja, pero también he visto unos cuantos iPhone 4 en su poder. Mi hija no dispone de smartphone -básicamente porque consideramos que no lo necesita en estos momentos- pero por si acaso ya tengo preparado uno -el mítico Samsung Galaxy Mini que compré en Perú- con una SIM por si fuera necesario cedérselo a ella.

En cuanto a redes sociales, la directora explicó que los niños usaban Facebook como herramienta para intercambiarse información académica y para ponerse de acuerdo cuando tienen que hacer algún tipo de trabajo en equipo.

Antes de continuar, debo decir que mi ex-pareja ha evolucionado de un estado no-tecnología a manejarse con soltura con móviles y tablet. Cada vez es más independiente y segura en ese aspecto -de lo cual me congratulo- pero todo lo que se refiere a redes sociales en este momento la supera. Ella no tiene cuenta en ninguna red ni tampoco ve su utilidad; así que habló conmigo para establecer cuál iba a ser nuestro comportamiento con respecto a este tema. La relación que tenemos mi ex-pareja y yo es estupenda y siempre ha primado y prima todo lo que tenga que ver con nuestras hijas sobre cualquier otra consideración.

Decidimos que le abriría una cuenta, y que esta cuenta estaría supervisada por mí. Para que ella lo pueda usar, le bajaremos la app de Facebook a su flamante tablet, y haremos que quede protegido también por Norton Family -el sistema que ya usábamos para la protección en Internet en las tablets de las niñas- con lo que, independientemente de la supervisión manual que pueda hacer, la niña podrá usar con seguridad la red social.

Uno de los puntos clave es que no tenga las contraseñas de acceso, como no las tiene para acceder a su cuenta de correo electrónico. Es un factor de seguridad adicional que nos puede evitar algún disgusto.

Es un momento crítico, en el que estoy relajando alguna medida de seguridad como muestra de confianza en ella, en su criterio, porque la niña es una pre-adolescente completa, que ya expresa de manera clara su opinión, y francamente prefiero caminar a su lado y orientarla cuando lo necesite a cualquier otro tipo de actuación más "intrusiva".

Necesitaré grandes dosis de diálogo y paciencia, sin duda, pero me parece que es la mejor manera de proceder.

Ya os iré explicando la experiencia.

Los límites de #Whatsapp.

En el último post os hablaba de mi experiencia "al otro lado de la mesa", como paciente. Ayer mismo tenía que escuchar de labios de la administrativa "discúlpeme, no sé que pasa, pero hace ya días que el sistema no va bien...".

De hecho estaba pensando en un post con una experiencia surrealista -digna de El Mundo Today- que me sucedió hará unos 15 días, pero que por respeto a los protagonistas mejor voy a silenciar.

Pero continuando con las reflexiones y dudas que me asaltan desde "el otro lado de la mesa", me asalta la siguiente pregunta: ¿qué sucede cuando el paciente está en casa y desea contactar con el centro? ¿Qué canales se ponen a disposición de nuestros pacientes / clientes? ¿Teléfono, email? ¿Redes sociales?

No hablo de telemedicina. No hablo de monitorización. No hablo de diagnóstico ni mucho menos de tratamiento. Hablo de una consulta simple sobre la dosis de una medicación, o sobre la interacción entre dos medicaciones, sobre un niño pequeño tiene tos o fiebre, hasta que yo me encuentre mal; hago una pregunta rápida y espero una respuesta rápida. No quiero que me diagnostiquen. Quiero que me orienten. Y si en el otro lado no lo ven claro, "acuda al centro de salud o a urgencias". Punto.

Una de las frases célebres de mi servicio militar fue que "la velocidad máxima de un convoy la da el elemento más lento del mismo". Es decir, que el centro puede tener muchos medios pero que nunca podrán ser superiores al que tiene el paciente / usuario en su lado.

Teléfono móvil tenemos casi todos. Smartphones cada vez más, y no tan sólo entre jóvenes. El email también se usa, pero nuestro usuario paciente es, valga la ironía, impaciente, así que no lo usará si espera una respuesta rápida. 

Las redes sociales se usan con un grado de aceptación variable: usos modélicos como el del grupo de Facebook "El médico de mi hijo", y usos que no van mucho más allá del "modo teletipo" por parte de hospitales que están muy bien valorados en los rankings, pero que poco o nada practican la conversación con el paciente más allá del mero agradecimiento por la atención prestada. 

Quizás debiéramos fijarnos en otras vías de contacto con el paciente...

Fijémonos en otros ámbitos de atención al cliente. Fijémonos en la administración pública más cercana al ciudadano.

Fijémonos en los ayuntamientos: cada vez hay más que usan canales no convencionales de comunicación con el ciudadano.

Por ejemplo, usando Whatsapp: una búsqueda en Google de las palabras ayuntamientos whatsapp devuelve 1.700.000 resultados a fecha de publicación de este post.  

¿Cómo lo hacen? En ayuntamientos pequeños es posible que usen un smartphone dedicado. En ayuntamientos grandes montarán un emulador o máquina virtual Android. En cuanto al número de móvil necesario para activar el servicio, se puede contratar el número a FonYou y mediante la instalación de una app, disponer del canal de retorno del SMS que envía Whatsapp para su activación.

Evidentemente si montamos Telegram o Line en nuestro PC o Mac no hace falta que nos compliquemos tanto la vida, ya que no requieren de máquina virtual instalada y funcionando. 

Ahora bien, hay que tener en cuenta que todos los usuarios de smartphone tienen Whatsapp instalado y sólo algunos Line o Telegram. En este caso, recordad que la auténtica red social la componen las personas de las que tenemos el número de teléfono. Esa es la razón final de la compra de Whatsapp por parte de Facebook.

¿Por qué no usarlo en salud? ¿Por qué no hacer normal lo que ya es normal a nivel de calle?

Más allá de las razones jurídicas, a priori, si el propósito es de consulta, excluidos el diagnóstico y segunda opinión, con un consentimiento informado, conociendo perfectamente cuáles son los usuarios que pueden contactar con este hipotético servicio de consulta -usuarios ya conocidos por el centro- y teniendo en cuenta que Whatsapp no almacena los mensajes -cosa que Line y Telegram sí hacen- y con el valor añadido de que la conversación puede llegar a exportarse en un fichero plano para su integración en la historia clínica.

Dicho de otro modo: quedando perfectamente delimitadas las reglas, el campo de juego y los jugadores, usando un símil deportivo...

¿Descabellado? Pensadlo.

Imaginad.

Leyendo anteayer el UK Health Blog de Microsoft, me encuentro con esta entrada y este video.

Leed la entrada. Mirad el video. Imaginad.

Menores y gestión de contraseñas.

Un viernes por la tarde cualquiera, volviendo a mi casa, recibo el aviso de un nuevo mensaje de Whatsapp. Es de una conocida. La imagen corresponde al inicio del mensaje, que ha sido debidamente anonimizado.

En síntesis: alguien ha creado a su hija un perfil falso de Facebook, colgando alguna foto e identificando su escuela, y ha pedido amistad a algunos perfiles que podrían calificarse -según palabras textuales de la atribulada madre- como de pinta pederasta.

La madre, que podría calificarse como una usuaria avanzada de herramientas sociales, se hace con el control de la cuenta de Facebook y la borra -o eso es lo que ella cree-, pero el atacante, que seguramente tiene la contraseña de la cuenta de Gmail de la niña, vuelve a activar el perfil. Al darse cuenta la mujer, cambia la contraseña de Gmail, recupera de nuevo el control del perfil de Facebook y lo vuelve a borrar.

Aparentemente, tal como se ve en la imagen del chat, puede haber sido una chiquillada, tal vez de alguno de sus compañeros de clase... o tal vez no.

Ella me preguntó si se podía identificar la IP, y le dije que sí. Maticemos: en Gmail se puede identificar los últimos accesos por equipo y las últimas IP de acceso. En Facebook se pueden ver el número de equipos conectados y los equipos que se han ido conectado. Le pregunté para qué quería saberlo. Me dijo que quería saber quién era.

Un de los problemas que podemos tener con la geolocalización es que no es tan fiable como lo podemos ver en las películas, así que corremos el riesgo de meter la pata. En el caso de esta madre, sí, le expliqué cómo acceder a la información de accesos, pero también le aconsejé que denunciara.

¿A quién? Policía Nacional, Guardia Civil o en las comunidades en las que tengan fuerza de policía propia (Catalunya, Euskadi, Navarra) a estos cuerpos.

No hay que jugar a detectives. Somos padres. Hay que dejar estos temas en manos de profesionales. Y aplicar sentido común. En el caso que comentamos hubo varios accesos, lo cual aconsejaba denuncia.

¿Qué falló en este caso? La niña tenía la contraseña de su cuenta de correo. La niña no es consciente del peligro que puede entrañar el revelar esta información a sus compañeros del colegio. Por tanto, el primer nivel de protección es que la niña no pueda tener la contraseña de Gmail.

El padre de la niña montó sistemas de doble validación cuando se intenta acceder desde un equipo no conocido, así como el reenvío automático de los mails que recibe el menor a las cuentas de correo del padre y de la madre.

La madre obró correctamente al detectar la crisis. Hizo lo que debía. Hizo lo que yo hubiera hecho.

Esta vez salió bien, pero, padres y madres que me leéis, puede que no tengáis la suerte que tuvo esta madre al detectar la intrusión.

No bajéis nunca la guardia.

El vuelo del buitre.

Este post es fruto de largas reflexiones personales, de asistencia a reuniones más o menos informales con alguna de las figuras descollantes del sector; de largas y apasionadas conversaciones con algunos de mis confidentes; y, para finalizar, por la preparación de una charla muy especial que estoy montando para el día 19 de septiembre.  

De hecho, no es la primera vez que hablo sobre el tema, pues en los posts Despotismo ilustrado y La secta de los adoradores del ombligo ya lo tocaba.

Pero en este caso, quiero hablar desde el punto de vista de la innovación.

Y es que en lo que sería el espacio blogosférico / twitteresférico de la Sanidad 2.0 española se detectan signos de cansancio: hay multitud de voces que echan en falta las conversaciones que se trababan (algunas no exentas de polémica) en Twitter, en la mayoría de los blogs de referencia ha descendido el ritmo de publicaciones, y aunque estoy muy lejos de la polémica opinión de Francisco Lupiáñez -"la blogosfera sanitaria ha muerto", escuchada en el Salud 2.0 Euskadi de este año- sí que es cierto que algo está cambiando.

La mayoría de los que escriben en sus blogs, y aportan su conocimiento y opinión en redes sociales son -o se ven como- "early adopters", pero en el momento en que comienza a haber suficiente masa crítica de opinión de calidad, y que recién llegados -es un decir- a las redes empiezan a crear opinión, hay quienes se sienten inquietos porque temen que les quiten el derecho a la primogenitura, tal vez porque impulsan iniciativas que a ellos no se les han ocurrido. Y la solución, creedme, no es replicarlas a golpe de talonario.

Cabe la reflexión de que si se quiere innovar en este ámbito -pues la evangelización está dando sus frutos dado que cada vez hay más blogs, nicks de Twitter y espacios en Youtube, Facebook y Linkedin; y en cuanto al paciente / ciudadano cada vez está más en las redes, en un modelo de expansión parecido al de una mancha de aceite, pero sin embargo, no a la velocidad que muchos de nosotros desearíamos; la brecha digital existe y tardará al menos una generación en superarse- hay que mirar el sector con otros ojos; con los ojos y la curiosidad de un niño.

La innovación, por definición, consiste en mirar el pasado y recordar lo que hicimos para proyectarlo al futuro; "sólo es novedad aquello que por viejo hemos olvidado", dijo María Antonieta a su costurera en el siglo XVIII. 

Así pues, conceptos como el cloud computing no deja de ser una actualización del timesharing de los años 60, años en los que aparece Internet de la mano de Darpa; conceptos como los del iPod nacen de ingenieros de Compaq (hoy HP) a principios de los 90, el primer smartphone táctil comparable con los actuales nace también de Compaq en 2003; en estos momentos gran parte de la innovación que nos rodea es un poco de maquillaje, un mucho de un viejo concepto, actualización de hardware y peso colosal de marketing.

Hay veces en que se presentan algunos productos y servicios vestidos de innovación en los que se resuelven problemas que no existen, y antes al contrario, generan más problemas -éstos reales- para poder utilizarlos. Y francamente, para ese viaje no necesitamos alforjas.  

Pero ¿sabéis?, echo en falta la innovación disruptiva. Hay miedo de salir de las líneas marcadas. Y en la blogosfera / twitteresfera sanitaria pasa lo mismo. 

Tal vez no se trata de dar vueltas -como buitres- a los conceptos ya más que trillados y que tienen que ocupar y hacer suyos los que llegan. Tal vez de lo que se trata es de abrir nuevas fronteras y ver nuevas maneras de aprovechar y encauzar el inmenso talento latente que reside en todos nosotros, tanto individual como colectivamente. Tal vez se trata de atreverse, de salir de esa famosa área de confort; y creedme, cómo cuesta salir...  

La analogía que he usado de los buitres es intencionada. Probablemente la blogosfera no está muerta, pero empieza a apestar a cadáver. Y me molesta la idea.

Vivir en Internet: 2.0 y otros animales de compañía.

Con parte de la organización de Imaginática 2013. A mi derecha, con blusa marrón, Nieves, la persona que estuvo conmigo en todo momento durante mi estancia en la ETSII de Sevilla.
El pasado jueves 2 de mayo, di una charla en el marco de Imaginática 2013, en la que debía explicar qué es Doctoralia y su historia.

Imaginática es una entidad sin ánimo de lucro, formada por 15 estudiantes de la ETSII de la Universidad de Sevilla, financiada por patrocinadores del sector de las TIC y que pudieron conformar un buen plantel de ponentes, con una zona de empresas.

Debo decir que el trato que me dispensaron fue exquisito, desde venir a recogerme a la estación del AVE con un coche de gama alta alquilado para transportar ponentes, el hotel, la buenísima disposición de todos y en especial de Nieves, mi "personal assistant" mientras estuve en la ETSII, hizo que me sintiese poco menos que un jefe de estado. 

Volviendo a la charla, el tiempo mínimo para la misma era de 45 minutos, así que planteé un speech en el que no me iba a fijar en la tecnología, sino cómo la tecnología impacta en nuestras vidas, y al contrario, el porqué de determinados comportamientos humanos tratando conceptos de anatomía, psicología y antropología...

El resultado fue que tras la charla, hubo estudiantes que se acercaron a mí para entregarme sus CVs y otros me felicitaron; tuve la oportunidad de conocer emprendedores en potencia, con los cuales tuve ocasión de compartir mesa, mantel e ilusión; una conversación de gran nivel que espero poder repetir pronto, porque todos y cada uno de ellos merecen la mejor de las suertes. Estoy seguro que cuando les llegue, les pillará trabajando.

Por último, desde aquí agradecer el apoyo recibido de Frederic Llordachs y Alberto Alfaro, sin los cuales no habría tenido algunas de las slides más impactantes, así como del equipo de Doctoralia, que sin mediar aviso se prestaron a una foto para la presentación -en especial a ellas-; agradecer también a la organización de Imaginática la oportunidad de poder presentar la compañía y el trato que recibí.

Espero que disfrutéis de la presentación.
P. D. : En la slide 9, se proyecta este video.
P. D. : la organización grabó la conferencia, así que cuando la tenga disponible la publicaré también en el blog

Sistemas de información sanitarios de 4ª generación.




















Hacía dos años que no hablaba sobre historia clínica. 

De hecho, en iJelz -mayo de 2011- ya comentaba algunas de las premisas imprescindibles a tener en cuenta previas a la implantación de un sistema de información sanitario.

Mi último post sobre historia clínica electrónica -marzo 2011- ya avanzaba las grandes líneas de lo que a mi entender, en el momento de la escritura del post, debía ser un sistema de información sanitario de 3ª generación, al que obligatoriamente añadiría sin duda capacidades de Personal Health Record (PHR) para cerrar el círculo de la información de salud y acercar al ciudadano -que no paciente- la posibilidad de la autogestión de su salud, haciendo atractiva su utilización mediante una oferta de servicios asociados de alto valor añadido.

Pero desde 2011 hasta ahora ha llovido bastante, así que cabe una actualización de la información, porque ha llegado el reinado de las apps de salud. Estas apps están ligadas al uso de un smartphone, pueden conseguirse en las app stores de las diferentes plataformas de móvil y también, cómo no, tienen sus riesgos, pues no existe en dichas plataformas un filtrado para comprobar que la aplicación etiquetada como de salud cumple una serie de mínimos que le permitan exhibir esta etiqueta.

Sólo hace falta pasearse por las tiendas de aplicaciones y comprobar que muchas de ellas no son demasiado diferentes de los llamados "productos milagro".

Entre los profesionales tampoco el tema queda muy claro, hay desde quien piensa en dotar de algún tipo de sello de calidad hasta quien piensa que el mercado debe autoregularse.

Para otros -incluyéndome a mí- el tema está claro: si es una app que puede ser usada para diagnóstico, consulta o control de una condición crónica, automáticamente pasa a ser un medical device y como tal debiera estar homologada; existe normativa de la UE sobre ello.

Pero aún hay más: al igual que la tendencia en alza es en estos momentos que el clínico prescriba links, también podría prescribir apps

Y yo me pregunto, ¿qué valor puede tener una app prescrita si no se puede controlar el uso que hace el paciente de la misma, mientras que de otros tipos de tratamiento si existe dicho control? 

Porque no lo olvidemos, las apps funcionan en smartphones, pero en el 99% de los casos son aplicaciones stand-alone que poca o nula conectividad tienen con terceros sistemas. Una honrosa excepción a la regla es SocialDiabetes, pero podemos considerarlo como una gota de agua en el desierto.

Aquí es donde podemos empezar a pensar en la historia clínica de cuarta generación, donde existiría un ecosistema rico en apps certificadas e interoperables, conectadas / integradas al sistema de información clínico, que permita al médico ofrecer counselling a distancia -por ejemplo, en función de la información recibida de la app ajustar la medicación en el HIS sobre la marcha, y el usuario recibiría la nueva pauta directamente en su smartphone a través de la app- y poniendo en valor el papel del director de Sistemas de Información de un centro sanitario cuando al mismo tiempo es un médico en activo.

Como curiosidad, cabe decir que la mayoría de los grandes CIO hospitalarios de referencia mundial son médicos en activo. Están apoyado por un staff de técnicos de primer nivel, pero lo más curioso es que entre los mejores CIO de Estados Unidos -entre ellos, el que está considerado el mejor de los mejores- hay una mayoría de médicos de urgencias, que compaginan las actividades de dirección de Sistemas de Información con las guardias.

Volviendo a lo que nos ocupa, es necesario que del mismo modo que en los servicios de farmacia hospitalaria existen los Centros de Información del Medicamento, en el seno de Sistemas de Información y vinculado con Dirección Médica, también debe existir un Centro de Información de la App, que permita al profesional prescribir la app adecuada, con garantías y ofreciendo al paciente el más alto valor añadido posible, y que al mismo tiempo permita al profesional la mejor gestión y el mejor servicio al paciente, integrando plenamente la app en el contínuo asistencial.

Aún hay más: cabe hacer un análisis de las comunidades de pacientes en las que usando redes sociales de gran difusión (como puede ser Facebook, y estoy pensando en concreto en El Médico de mi hij@), porque aunque el intercambio de información que está recogida en estos sitios pueda parecer poco relevante, existe la suficiente información aportada por los padres ANTES de que el paciente se presente delante de su médico con lo que a priori el clínico puede tener una visión clara y por escrito de la evolución previa del paciente, por lo que la creación de conectores específicos de los sistemas de información con dichas comunidades podría ser también un valor a estudiar y a tener en cuenta en cuanto a información clínica se refiere.

Es decir, a las fuentes clásicas de recogida y captura de datos tendremos que añadir las apps especializadas y las redes sociales para conseguir una nueva dimensión en información clínica.

Como podéis ver, hay camino por recorrer.

P.D.: Otro día os hablaré de las capas superiores de información, a saber, estratégica, táctica y operativa, así como del data mining y de interoperabilidad organizativa; estoy seguro que cuando las desarrolle, excitarán vuestra imaginación.

Electromedicina 2.0.


En la oficina, hace unos días, se acercó el Director de Marketing y Comunicación de Costaisa -la empresa donde presto mis servicios profesionales- Francisco Araújo, y me preguntó sobre la posibilidad de preparar una ponencia para el X Congreso de la SEEIC, en Barcelona. 

Mi respuesta fue afirmativa y acordamos muy rápidamente que la ponencia se llamaría "Electromedicina 2.0". 

Uno de los retos ante cualquier colectivo profesional es cómo "vender" el 2.0 aclarando en qué les puede beneficiar el uso de redes sociales circunscritas a su ámbito de actuación, y es que hay un gran potencial por descubrir, sobre todo en el ámbito de la electromedicina y la gestión del conocimiento, dado que este tipo de gestores cuando se implementan en un centro se usan fundamentalmente para uso clínico y de investigación, pero otras áreas de soporte quedan apartadas / relegadas -táchese lo que no proceda- con lo que los beneficios de montar una red social -usando herramientas como Ning- como repositorio de conocimiento de bajo coste, son enormes. 

Así que tras ubicar al auditorio sobre los fundamentos sociológicos en los que se basan las redes sociales -aquellos conceptos tan queridos por mí sobre tribus y afinidades- y tras hablar de algunas de ellas comerciales, situé un par de ejemplos, uno de otro sector -automoción- y otro centrado en el ámbito electromedicina. 

Debo decir que en el turno de preguntas, salieron conceptos como la reputación digital y la gestión de crisis, si hay agotamiento en cuanto a redes sociales, trolls, los límites de las redes -nunca publiques nada que pueda avergonzar a tu madre o a tus hijos- entre otras.


Los comentarios que he recibido -tanto en público como en privado- han sido muy favorables, con lo que el esfuerzo -tuve que hacer literalmente "el pino" con la agenda para poder asistir- ha valido la pena. 

Y aquí tenéis las slides de la ponencia.

 

Espero que disfrutéis tanto de ellas como yo lo he hecho preparándolas.

Buscan respuestas y no se atreven a preguntar.

Después de leer lo que escribió Amalia Arce sobre la pubertad, me doy cuenta de que en estos estupendos posts se hace un enfoque más fisiológico de este tema, pero como padre de una niña con tics pre-adolescentes, no tan sólo me pueden "preocupar" los cambios que experimenta su cuerpo -y que probablemente me obligarán en algún momento a responder preguntas muy directas sobre menstruación y función reproductiva- sino también los cambios que experimenta su psique. 

De hecho, me preocupan las preguntas que no me haga -por timidez, por vergüenza, porque soy su padre y no su colega- y a quién se dirija para buscar respuestas.

Júlia es una niña muy inteligente y no cesa de buscar respuestas satisfactorias a las dudas que le pueden surgir, como alguna vez ya he escrito en el blog; pero lo cierto es que en un momento en que su cuerpo experimenta cambios y aparecen nuevos factores emocionales, como pueden ser las afectivas, sexuales o de otro cariz más serio -como tabaco, alcohol o drogas- cabe la posibilidad que en su proceso natural de rebeldía y afirmación de su incipiente personalidad explore fuentes de conocimiento que no sean fiables. 

A mi juicio, probablemente -y por este orden- acudirá para encontrar respuestas a su círculo de amigos más íntimo, compañeros/as de clase, Internet y en último lugar los padres. De todos estos círculos y como no podía ser de otra manera, me centraré en Internet. 

En algunas de mis presentaciones -por ejemplo la de SEECIR- siempre pongo como ejemplo el adolescente con las hormonas en ebullición, que está planeando tener su primera relación sexual, y quiere recabar información; no le preguntará a sus padres -además, intuyo que existe un sesgo entre las respuestas que recibiría un niño o una niña, más allá de las diferencias anatómicas- sino que buscará información en otras fuentes; y siempre cito como posible fuente de información confiable a Infermera Virtual, del COIB.  

Pero claro, yo no soy un padre normal. Soy un e-padre en la más amplia acepción del término, con un conocimiento muy superior al de la población general en cuanto a uso de recursos de conocimiento y salud online; mi perfil corresponde aproximadamente al 0,0001% de la población del país; en el caso de mi hija, a no ser que le informe específicamente sobre el sitio Infermera Virtual, no conocería a priori su existencia. Esto significa que este tipo de recursos son desconocidos para la gran mayoría de la población.

Así que cabe preguntar: ¿Y los (pre) adolescentes? ¿Dónde van a buscar información relevante sobre hábitos y salud? 

En primer lugar, cabría ver el papel de los docentes, -es decir, los profesionales de educación primaria y secundaria- sobre todo lo que tiene que ver con hábitos de alimentación, función sexual y reproductiva o ante hábitos tóxicos, y examinar qué recursos online confiables están recomendando o no. 

Pero por otra parte, nuestros niños ya tienen unas habilidades digitales que sobre el papel ya son superiores a las de sus progenitores, con lo que la primera opción para ellos será hacer una búsqueda en Google. 

Si nuestro adolescente representativo no ha adquirido criterio en cuanto a la identificación de sitios web confiables del sector salud -tal como se indica en este número de la revista Ser Padres- corremos el riesgo de que cualquier desaprensivo que tenga conocimiento de SEO y que use las palabras clave adecuadas, pueda posicionar webs con un contenido que potencialmente pudiera ser lesivo para los intereses del adolescente: si está buscando información sobre métodos anticonceptivos y aparece en la primera página de resultados de Google -se calcula que más de un 90% de la población no pasa de esta primera página- una página en la que se ensalcen las virtudes de los preservativos hechos de punto de cruz o de papel aluminio -esto es una exageración rayana en lo grotesco, pero me sirve para ilustrar la cuestión- el adolescente va a tener un problema y nosotros como padres también. 

De hecho, en la compilación de información previa a la publicación del blog, en una búsqueda simple por Google he encontrado en la primera página, como resultados 1 y 3, fotos de preservativos de ganchillo y un grupo de Facebook sobre dichos "artefactos"; así que la realidad, aunque grotesca, siempre supera a la ficción.

Hace falta ver el papel de las instituciones sanitarias y el factor de impacto que puedan tener las acciones informativas, formativas y divulgativas en nuestros hijos, pero me podría atrever a afirmar que su efectividad tiende a nulo, y es que estas acciones en su gran parte usan canales de difusión para adultos, cuando quizás nos tendríamos que fijar cuáles son los hábitos y canales de información que usan habitualmente nuestros hijos. 

Así pues, probablemente tendrían más impacto estas campañas situadas en webs de programas de TV para niños y adolescentes de éxito o en webs de canales temáticos para este público que no otros sitios, o incluso -y con dinero para hacerlo- hacer spin offs de series de TV populares dirigidas a este público, específicas para ilustrar respuestas a cuestiones como las que planteamos al inicio del post . 

¿Y las redes sociales? 

Cabe ver que la aceptación de las iniciativas dirigidas a padres y a niños no están indexada de una manera proporcional a la inversión económica realizada sino por la calidad, accesibilidad y disponibilidad de los contenidos y sus proveedores. 

Así, es paradigmático que grupos de Facebook como El médico de mi hijo -iniciativa altruista y colaborativa liderada por Jesús Martínez, entre otros profesionales de la salud- tiene muchos más usuarios y actividad que otras iniciativas institucionales, dotadas con community managers que gestionan sus canales social media -con todos los recursos de toda clase que esto implica- pero vistos los resultados de éstas no sé hasta qué punto justifica dicha inversión. 

Adicionalmente muchas veces hay un serio problema de target, pues este tipo de iniciativas tienen que ir dirigidas a niños y adolescentes sanos también, no tan sólo al núcleo de pacientes. 

Un punto sin apenas importancia: en este caso, si la web 2.0 es diálogo, para esta población diana lo es aún más, ergo no basta con parecer 2.0, hay que ser 2.0; hay que responder siempre. 

Por otro lado, aunque en el pasado algunos hospitales abrieron páginas web de bioética -donde se podían hacer consultas anónimas para que las respondiera un médico, escenario especialmente atractivo para un adolescente ávido de información y lleno de vergüenza- echo en falta que en los grandes centros sanitarios no haya más recursos de este tipo, pues hace falta recordar que el adolescente difícilmente irá al pediatra o médico de familia solo, y para el pre-púber es sencillamente inviable no ir acompañado de un familiar adulto. 

Así pues, parámetros como la difusión en los canales adecuados, la adquisición de criterio del niño, la calidad, accesibilidad y disponibilidad de los recursos informativos y la implicación de actores educativos pueden ayudar sobremanera en la consecución de las respuestas que pueden necesitar nuestros hijos y que pueden afectar a su salud y desarrollo como personas. 

Queda mucho camino por recorrer.

Némesis.

Una de las cosas que más me sorprenden son las reacciones que generan mis post y el modo en que me llegan dichas reacciones; me encuentro con los comentarios que dejan en el blog -y afortunadamente, de los más de 600 comentarios que han dejado sólo he tenido que moderar en tres ocasiones, una de ellas a petición del propio autor del comentario-, los comentarios en los retweets de Twitter o en Facebook, algunas veces mensajes directos de Twitter, o por Whatsapp, y últimamente a través del chat de Apalabrados. 

 No dejan de ser canales diferentes que pretenden hacer llegar la opinión, sentimientos y emoción que puede despertar uno de estos post, y me gustaría enfocar vuestra atención sobre dos de los últimos post, "Futuro" y el post que escribí conjuntamente con Esther Gorjón, "Tan cerca...".

En "Futuro" hablaba del miedo que nos genera la incertidumbre, mientras que en "Tan cerca..." puse un ejemplo -declararte por Whatsapp- que fue el que generó comentarios en el post y por DM -mensaje directo de Twitter-, y que incluso mereció algunos minutos de conversación en el transcurso de una apacible charla con Frederic Llordachs.

La combinación del miedo descrito en el primer post, junto con el uso de Whatsapp descrito en el segundo es lo que da pie al texto de hoy.

Cabe reflexionar -mucho además, porque aunque no lo parezca soy un gran tímido- en el papel que tienen los sistemas de comunicación actuales; con respecto a la conversación uno a uno -cuando se usan métodos como los chat de Skype, Whatsapp, Viber, Gtalk, MSN Messenger o incluso SMS- en general, los usuarios que usan estos sistemas de comunicación se muestran más desinhibidos y muestran una mayor franqueza que si la misma comunicación se produce de manera presencial.

Así no es extraño que la misma persona que por Whatsapp se muestra franca, expansiva e irónica se convierta presencialmente en alguien plano y anodino, sencillamente porque tiene un miedo cerval a las reacciones que su interlocutor presencial pueda tener si mantiene su discurso virtual, sin pensar que probablemente el interlocutor divertido y simpático de Whatsapp, debido a ese mismo miedo, se convierte en alguien soso y aburrido, y que adopta de paso una actitud defensiva.

Quizás sea el tener una cómoda lejanía, quizás no enfrentarse a una mirada inquisitiva, tal vez saber que te puedes retirar en cualquier momento sin necesidad de dar muchas explicaciones; también es cierto que muchas veces estas sesiones de chat pueden ser un estupendo simulador para conocer mejor con quién nos comunicamos y cómo reaccionan a lo que decimos, un banco de pruebas casi perfecto y con un coste emocional mínimo.

Tendemos a pensar en quien se comunica con nosotros como si fuera nuestro némesis, cuando la verdad es que nuestro némesis reside en nosotros mismos.

Tan lejos...

En el post anterior introducíamos los conceptos de tribus y manadas, y su incidencia en las RRSS, así como el concepto de ruido ambiental, o más bien de la ausencia de ruido, como factor diferenciador de la comunocación entre personas.

Suponemos que este debe ser uno de los factores que nos hacen estar “enganchados” a las Redes Sociales y que nos llevan en ocasiones a intimar -y no me refiero al aspecto sexual, sino personal en general- con “desconocidos” a través de internet, llegando a contar o confiarles cosas que no hacemos con nuestros familiares o amigos o que no nos atreveríamos a decir si tuviéramos delante a esa persona.

Cabe decir que en muchas ocasiones, podemos necesitar comunicación con gente de nuestro círculo que en ese momento no están disponibles, y por tanto, encontrar un espacio donde siempre haya personas en estado ”always on” puede ser sumamente atractivo. Por otro lado, hay dos tipos de personalidad en la que una RRSS puede crear una cierta adicción: tenemos por un lado a las personas que tienen un déficit en la capacidad relacional -en el seno de un grupo convencional, no tienen las capacidades relacionales y comunicativas suficientes como para participar en la dinámica de grupo- y por otro lado tenemos a la personalidad introvertida y solitaria, a la que es más fácil establecer algún tipo de lazo a través de RRSS que no por métodos convencionales. 

Las Redes Sociales nos permiten conocer gente -al menos virtualmente- y relacionarnos de una manera fácil, cómoda incluso. No tienes que arreglarte, vestirte, ni peinarte para estar presentable. Además, no exige ni siquiera que la otra persona/s esté conectada simultáneamente para poder entablar una conversación y existe la posibilidad de realizar otras tareas de manera simultánea, lo cual, en los tiempos que corren, supone una ventaja.

Otra cuestión es, ¿nos atrae más relacionarnos con desconocidos que con personas que ya conocemos y pertenecen a nuestro círculo social? ¿Influye esto en nuestra necesidad de “estar permanentemente conectados”? 

Quién de los que habitualmente usa las Redes Sociales no ha sido criticado por algún familiar o amigo -generalmente no usuario de RRSS- por estar enganchado al móvil o al ordenador todo el día. ¿Incomprensión?

Las Redes Sociales, ese gran invento que nos acerca a esas personas que no conocemos a veces a miles de kilómetros de distancia; que nos permiten expandirnos en el ámbito personal y laboral; que nos tienen fascinados con la cantidad de posibilidades y mejoras que traen a nuestras vidas; ¿nos aíslan de nuestro entorno más cercano?

¿Adicción, abuso o simplemente uso? La adicción a Internet se ha identificado como una conducta patológica cuyos síntomas -no todos- pueden ser encontrados en la población normal. La adicción a las Redes Sociales no es posible definirla en base a la cantidad de horas que pasamos conectados, sino que, como cualquier otra adicción, supondrá una serie de cambios en la personalidad, disminución del rendimiento laboral o académico, entre otros, que interferirían de manera importante en nuestras actividades cotidianas y no seríamos capaces de disminuir su uso a pesar de las consecuencias negativas que nos pudiera acarrear.


Permanecer navegando más tiempo del que habíamos calculado antes de acceder a la red, no notar el paso del tiempo mientras hacemos uso del ordenador, ocultar a nuestra familia o amigos el uso excesivo que hacemos de la red, usar el ordenador en detrimento de nuestras relaciones personales, descuido de las tareas cotidianas. ¿Te suena? Son algunos de los síntomas de alerta que los psicólogos identifican en los potenciales adictos a la red.

Si no es adicción o dependencia, ¿es abuso? ¿Es por ello que frecuentemente nos vemos obligados a hacer una desconexión voluntaria? A menudo leemos a nuestros contactos -en la red- quejarse sobre el tema de la “hiperconectividad” y afrontar esa desconexión como algo necesario.

Quizá sea algo más que necesidad. Quizá realmente nos sentimos un poco culpables ya que debido al tiempo que pasamos conectados -por el motivo que sea, personal, laboral o lúdico- nos estamos perdiendo todas las cosas que pasan a nuestro alrededor, estamos dejando a un lado a quienes nos acompañan en nuestro viaje real, en nuestro día a día. Quizá sea cierta su queja del tiempo que pasamos conectados, atendiendo nuestras “obligaciones” virtuales, y no solamente una falta de comprensión “porque ellos no lo han probado”.

Las redes sociales tienen muchas ventajas, muchas. Nos permiten hacer cosas que de otra forma serían imposibles, nos ayudan en nuestro trabajo, en nuestro negocio, en los estudios. Nos permiten conocer personas con nuestras mismas inquietudes, hacer buenos amigos. En ocasiones nos sirven de terapia. Grandes posibilidades, sin duda. Pero no olvidemos que las cosas reales necesitan nuestra atención y no sólo nuestra presencia.


No olvidemos que ninguna red social, ninguna tecnología existente, puede suplir una carícia, un beso o un abrazo; y tampoco nos permitirán recuperar el tiempo -quizás invertido, quizás perdido- en el que sencillamente no hemos estado con nuestra familia, con nuestros amigos, ese tiempo en el que no hemos visto crecer a nuestros hijos; y no es porque físicamente no hayamos estado con ellos, sino porque nuestro espíritu, a través del smartphone, del ordenador, de la tablet, estaba lejos, muy lejos.

Aprended a conjugar lo mejor de ambos mundos.

Escrito en colaboración con Esther Gorjón, editora de Signos vitales 2.0. 

Fuentes:

Tan cerca...

La necesidad de comunicarse y entablar contacto con los demás es algo inherente al ser humano. A lo largo de la historia el hombre ha creado varias formas de comunicarse en el empeño de vencer distancias para poder expresar sus ideas y pensamientos. Cada día que pasa Internet demuestra las posibilidades como medio para comunicar a las personas entre sí. Si el email fue una revolución, las Redes Sociales parecen capaces de desbancar cualquier otro medio de comunicación habido hasta la fecha, haciendo más palpable la llamada Teoría de los seis grados de separación, aquella que establece que todas las personas del mundo se hallan conectadas entre sí a través de no más de seis individuos. 

¿Pero de dónde surge esa necesidad de estar conectados? 

Surge de una característica inherente al hombre, y es que en el fondo, el ser humano es un animal social; no somos los más rápidos, ni los más fuertes, ni los más ágiles, ni tenemos los sentidos más desarrollados, así que para sobrevivir el hombre debe cooperar con otros miembros de la especie, y es así como primero, pueden dar cabida a sus necesidades alimentarias mediante partidas de caza, y después, defenderse de otros depredadores primero, y de otros grupos humanos después. 

Existen en otros mamíferos superiores el concepto de manada, en la que también se establecen mecanismos cooperativos de caza y defensa, y con un intercambio muy limitado de información entre sus miembros, intercambio que es muy superior en calidad y cantidad cuando hablamos del ser humano. 

También encontramos otros ejemplos de manadas en otros animales, como pueden ser las abejas o las hormigas, y en estos dos casos existe también una organización social muy rígida. 

Volviendo al ser humano, poco a poco estas agrupaciones en las que se daba respuesta a necesidades vitales de alimentación y defensa permitieron crear lazos de afinidad entre sus miembros, afinidad que fue reforzada por el hecho de vivir en un determinado sitio, como podía ser en una cueva o al lado de un río -afinidad por territorio-, por tener alguna característica física distintiva -vestido, color de la piel, ojos y/o pelo, altura, o bien por el tipo de vestido o alimentación-, o por afinidad con algún miembro del grupo, que habitualmente también asumía el rol de líder. 

Y la pertenencia a una tribu tuvo un factor de afinidad adicional, la sangre, los nacidos en el seno de la tribu eran automáticamente miembros de pleno derecho de ella. 

En aquellos lejanos tiempos, pertenecer simultáneamente a más de una tribu no estaba bien visto, las más de las veces se consideraba traición y el desdichado que no lograba escapar a tiempo era vilipendiado aunque habitualmente era ejecutado. 

El factor afinidad, el factor de cohesión puede haber cambiado a lo largo de estos siglos, pero la fuerza implícita que habilita la afinidad permanece, y es la capacidad de comunicar emociones. 

Hoy día -afortunadamente- se puede pertenecer a más de una tribu sin perder por ello la amistad ni la vida, y se pueden establecer mecanismos de colaboración entre diferentes tribus; como ejemplo, decir que Esther es simpatizante del Real Madrid y Rafa del Fútbol Club Barcelona, y en cambio, son capaces de cooperar peer to peer en la redacción de este post o en colaboraciones con Diferénciate, por ejemplo, sin tirarse los párrafos por la cabeza... ;-) 

Y llegan las redes sociales: la mejor definición que conozco es la de “amplificador de la capacidad relacional del ser humano”, y nos permiten mantener relaciones que tradicionalmente  eran uno a uno usando métodos convencionales -como cartas, telegramas o teléfono- a un modelo uno a varios, en que la difusión de un mensaje puede ser exponencial -viral- a poco que usuarios clave con una reputación establecida propaguen el mensaje original. 

Una red social también conoce de afinidades, sean de profesión, ocio, cultura, sexo; aquello que nos provoca afinidad en una relación convencional face to face, también la provoca a través de la red social. 

Ahora bien, uno de los factores diferenciales de las redes sociales con respecto a las comunicaciones presenciales es la ausencia de ruido, y me explicaré: en una comunicación cara a cara, nuestro cerebro analiza la información verbal que suministra nuestro interlocutor de manera consciente, así como la información no-verbal, tanto lenguaje postural como inflexiones en el tono de voz, entre otros, para determinar el grado de emoción contenida en el mensaje que recibimos, y donde podemos percibir la afinidad, la amistad, el amor, el engaño, la traición o la envidia; de hecho se calcula que el 70% de la fuerza de un mensaje hablado viene precisamente de la capacidad de uso del lenguaje no-verbal, un lenguaje que se genera de manera inconsciente. 

En cambio, en las redes sociales no tenemos el lenguaje no-verbal, y por tanto, nuestro cerebro, hábil en completar los gaps de información faltantes en una tarea convencional - de ahí el uso de los verbos suponer, adivinar, creer- intentará completar la información haciendo análisis del uso de emoticonos, de las construcciones gramaticales, de los signos de exclamación... lo cual muchas veces puede ser una actividad tan fidedigna como la lectura de los posos de las tazas de té. 

Al existir esta tarea adicional de completar los fragmentos de información, tenemos un efecto secundario interesante desde el punto de vista de marketing, y es que dicha reconstrucción necesita de una atención desmedida de nuestro sistema límbico, lo cual tiene como consecuencia que nos volvemos más vulnerables desde un punto de vista emocional. 

Si le digo a alguien “Me gustas” -desde un punto de vista de seducción / conquista- cara a cara, mis ojos transmitirán emoción, mis manos y mi cuerpo probablemente ofrecerán una postura más cerca de la caricia que no amistosa, y la entonación también será diferente a la habitual: señales que por parte del interlocutor probablemente sean recibidas como auténticas; el ruido del lenguaje no-verbal ayuda a completar el mensaje. 

Si le digo a alguien “Me gustas” por Whatsapp, no habrá más lenguaje adicional que los emoticonos que de manera voluntaria -y por tanto controlada- pueda ir insertando en el mensaje, y todo depende de la capacidad del interlocutor en interpretar, o filtrar, la información que le está llegando. 

Dicho de otro modo: al no existir ruido, la emoción experimentada por el mensaje se amplifica, pues no existen puntos de referencia como puede ser el lenguaje no-verbal que puedan matizarlo, con lo que la emoción generada es considerablemente mayor. 

Continuará... 

Escrito en colaboración con Esther Gorjón, editora de Signos vitales 2.0.

¡Papá, quiero una Blackberry!

Esto es lo que me dijo mi hija de 9 años hace unas dos semanas. 

Le pregunté porqué necesitaba una Blackberry. Me respondió que una niña de su clase llevaba una a escondidas. Le dije que tendría un smartphone cuando ella pudiera pagarse su consumo de voz y datos, pero que mientras tanto, no lo necesitaba.

Añadí que llegado el caso, no hablaríamos de Blackberry, sino de iPhone o Android...

Esta conversación que tuve con Júlia estoy seguro que se repite, de una manera u otra, en muchos hogares españoles con menores pre-adolescentes o adolescentes.

Siguiendo con el hilo del Programa de Protección de Princesas, nos enfrentamos con un reto nuevo: dispositivos que se pueden llevar en el bolsillo o en el bolso, con conexión a Internet, con apps de redes sociales, cámaras de fotos, email, navegador de Internet... ¿cómo protegerles?

Esto es lo que escribí ayer por la noche, en el que mi estado de ánimo era que "hay un síntoma, tenemos que empezar a estudiar la respuesta: sin prisa pero sin pausa"; esta mañana el síntoma ha pasado a estado de emergencia.

Esta mañana me llamaba mi ex-pareja, alarmada, porque en el teléfono de mi ex-suegro, un Nokia 5800, se habían recibido unos SMS premium de una empresa en los que se iban a cargar una cantidad inferior a 10€ en el recibo del teléfono, al mismo tiempo que otro SMS, éste de Orange, advirtiendo que se había contratado un servicio Premium.

Tras unas preguntas en las que dejé claro que estos SMS Premium habían llegado porque alguien había hecho alguna acción y no había sido casualidad, mi ex-pareja interroga a mi ex-suegro y él afirma que no hizo nada... al final descubren que fue mi hija mayor: aprovechando un descuido de mis suegros, cogió el móvil, usó la navegación por Internet, llegó hasta una página de juegos, le pidieron el número de móvil, aceptó la inscripción... y el resto os lo podéis fácilmente imaginar.

He contactado con Orange para el bloqueo del acceso a todos los servicios Premium, y me han dado también la opción de establecer una contraseña, privada entre Orange y yo, para que nadie tenga la tentación de hacerse pasar por mí y levantar el bloqueo. Desconozco si los otros operadores móviles españoles tienen un programa similar de protección adicional por contraseña para evitar suplantaciones.

Por otro lado, ya he comunicado a mi ex-pareja que deben tener los móviles bloqueados y siempre controlados.

Después del "susto", comprenderéis fácilmente que esté hipermotivado para cerrar el círculo de la protección de mis hijas.

Bien, pongamos manos a la obra.

Proteger un smartphone o una tablet no es algo que se pueda tomar a la ligera, pues al igual que un ordenador, también tienen sus usos educativos que no podemos despreciar, usos como los que apunta este estupendo artículo, "A Is for App: How Smartphones, Handheld Computers Sparked an Educational Revolution".

Para comenzar, os recomiendo la lectura del "Estudio sobre hábitos seguros en el uso de smartphones por los niños y adolescentes españoles" de noviembre de 2011, realizado por INTECO a través del Observatorio de la Seguridad de la Información y Orange.

Otro tema interesante a tener en cuenta en cuanto al acceso del menor a la telefonía móvil es el tiempo de exposición a la radiofrecuencia generada por el mismo, y es que aunque no existe una evidencia científica clara de los efectos nocivos del uso de teléfonos móviles sobre el cuerpo humano -de hecho, la OMS actualmente equipara el riesgo del uso de un teléfono móvil al de tomar café o respirar los humos generados por el tráfico de automóviles-, en julio de 2011 el gobierno británico, tal como se publicó en NHS Choices en noviembre de 2011, recomendaba que los menores de 16 años sólo deberían usar los móviles para llamadas importantes y por periodos cortos de tiempo.

Vistos los preliminares, describamos los escenarios que contemplaremos en este post.

Los sistemas operativos (SO) dominantes en el mercado español de smartphones son actualmente:
  • Android
  • iOS (iPhone / iPad)
  • Blackberry
Existen otros sistemas operativos presentes pero de uso minoritario como pueden ser Symbian o WindowsPhone / WindowsMobile. De estos no hablaré, básicamente porque en la población "de riesgo" se aprecian mayoritariamente dispositivos de los tres SO mencionados al inicio.

Android
Para Android existen toda una serie de Apps de control parental en Google Play (el antiguo Android Market): para mí la más interesante de todas es MobileMinder, que incluye entre sus prestaciones el uso de GPS para saber dónde esta el menor, el control de las apps de chat, los sitios web que visita, si ha visto porno o bien ha recibido fotos de contenido explícito... y lo mejor de todo es que está bien valorada por los usuarios y es gratis.

iOS
Es el único sistema operativo de móvil que lleva integrado de manera nativa funcionalidades de control parental. En este artículo de Apple se especifica cuál es el alcance de la protección, y en esta discusión de foro, se especifica cómo se activa la protección. 

Probablemente existan Apps que brinden más funcionalidad en la iTunesStore (a las 23:25 del día 16 de marzo, sólo hay 6 apps para iPhone y 6 para iPad que sean compatibles con la búsqueda "Parental control").

Blackberry 
Quizás de los tres SO es el que menos apps y características de control parental tiene; no obstante, existe por ejemplo Mobile Spy o PhoneSheriff.

De PhoneSherif cabe decir que existen versiones también para Android, iOS, Symbian y WindowsPhone.

Conclusión
Hemos hablado en este post y en el anterior de tecnología, pero la mejor protección es que el menor adquiera criterio, y que el uso de estas soluciones se haga de un modo gradual y sin ser excesivamente intervencionista. 

La mejor protección se compone de la razón y el diálogo.


P.D.: Aclaración: puede parecer raro al ser yo un padre divorciado, pero es que las líneas de móvil de mi ex-suegro y de mi ex-pareja siguen a mi nombre. :-)