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Conferencia inaugural del Congreso Europeo de Salud Digital

Y por fin llegó el momento... Ya expliqué cuáles fueron las circunstancias y las sensaciones que experimenté tanto en la preparación de la conferencia, como en el desarrollo de la misma.

Además del equipo que me ayudó en la preparación de la misma (Francisco Araújo, Inma Roig, Dr. Damián Gallegos y la Dra. Eugènia Miranda), tuve la inestimable ayuda del equipo de técnicos del Palacio Miramar, así como de Marisa Merino y de Mónica López.

Como spoiler, decir que en el transcurso de la conferencia mencioné a: Dra. María José Mas, Dra. Lucía Galán, Dra. Amalia Arce y Dr. Salvador Casado. Cada uno de ellos merece mi reconocimiento por su gran labor divulgativa.

Y utilicé en la parte final de la conferencia una historia de Rosa Pérez.

A continuación, el maravilloso sketchnote que preparó Mónica López, @Mo1ni1ca1.


La presentación que acompañó a la conferencia.

No lo demoro más. Con todos vosotros el vídeo, 50 minutos de acción, al más puro estilo de "Perdidos en Pandora".

¡Disfrutad!


Cocinando una conferencia inaugural.

Al inicio de mi exposición. Foto cortesía de Mónica López (@mo1ni1ca1)
Decíamos ayer... Hace ya demasiado tiempo que no escribía nada en este espacio, así que hoy he decidido volver a la carga.

Han pasado muchas cosas en este año y pico que he estado "out", algunas explicables y otras no tanto, pero no es el objetivo de la entrada de hoy.

El día 1 de junio, mientras estaba comiendo con un amigo y compañero de batallas, recibí una llamada de un teléfono móvil que no tenía registrado. Temiendo encontrarme con el/la inevitable vendedor de telefonía móvil o de seguros, me puse al habla. Al otro lado, una voz de mujer. Me costó reconocerla. Era Marisa Merino. Médico, gestor, investigadora, líder del proyecto europeo Carewell. Inteligente y brillante a partes iguales. La conocí en una cena de EuskoSanidad Digital -el equivalente en Euskadi del mítico grupo de Whatsapp de Health20BCN-, la tenía sentada justo enfrente. Alguien difícil de olvidar. Volviendo al hilo de la cuestión, me contó que quién debía dar la conferencia inaugural había excusado su presencia en el Congreso Europeo de Salud Digital y me propuso que la hiciera yo. Dudé solo un milisegundo. Acepté.

Tras colgar, pensé "y ahora de qué hablo", porque a todo esto, tenía escasos 15 días para preparar la conferencia. No era una ponencia más. Y tenía que ser un punto más que un TED. Marisa estaba volando, así que llamé un poco más tarde. La pregunta que me hizo fue "bueno, y a todo esto, ¿qué nos vas a contar?". Ella estaba con Mónica López, mi gran valedora. Le expliqué someramente lo que tenía en mente. Ofrecí enviarle una propuesta de guión. Le encantó.

El siguiente paso es reclutar un equipo. Para mí, preparar una conferencia significa trabajo en equipo. Dado que iba a representar desde un punto de vista institucional a la compañía para la que trabajo, pedí a Francisco Araújo, el MarCom de Costaisa, que me asignara un diseñador gráfico. También me dio un valioso consejo: una conferencia inaugural debe ser disruptiva. Debo añadir que Costaisa me dio total libertad para que hablara de lo que quisiera, sin ningún tipo de corsé ni exigencia, cosa que agradezco profundamente.

Por otro lado tenía al equipo EHROS, formado entre otros por Inma Roig y el Dr. Damián Gallegos. Ellos me ayudaron a pulir algunos aspectos del guión y a la búsqueda de referencias bibliográficas. Especial mención a Inma por su apoyo y visión.

También necesitaba un punto de vista externo. Que pudiera tener, por independiente, una visión crítica del discurso, alguien que fuera capaz de ponerme en crisis. La elección recayó en la Dra. Eugènia Miranda, de la Xarxa Santa Tecla. No puedo estar más satisfecho de su aportación. No se limitó a revisar el speech: hizo más. Gran parte del éxito de la conferencia -lo digo públicamente- se lo debo a ella. Marcó la diferencia. No se puede imaginar lo agradecido que estoy a sus sugerencias, a su apoyo y sobre todo, a su visión fresca y diferente de la jugada.

Crear una buena conferencia es como practicar buen sexo: poco a poco se tiene que acariciar la imaginación de la audiencia, hasta lograr llevarla hasta el clímax.

Preparé un guión con cinco ideas directrices -al más puro estilo TED- muy disruptivo, buscando el equilibrio entre el leitmotiv del congreso con el toque humano.

¿El resto? Sensaciones personales, sobre todo. Los ensayos "ad nauseam". La presión de que dar una conferencia inaugural crea hasta cierto punto el marco de referencia de las siguientes intervenciones. El temblor de mis manos mientras hablaba. Algunos "lapsus mentis". A pesar de todo, tras 51 minutos, el auditorio aplaudió. Lo mejor, las felicitaciones generalizadas, empezando por la propia Marisa. Como siempre, soy mi peor crítico. Hay cosas que debo mejorar.

¿Cuándo me podréis ver? Tan pronto esté disponible el video, en el próximo post...

Para amenizar la espera, aquí tenéis el fantástico resumen de sketchnotes realizado por Mónica López.


¡Paciencia!

TEDxAndorralaVella: Llegó el video.

Al final, ha llegado el día de verme en acción. 

Para todos vosotros, y por vosotros, "La magia de un abrazo".

Sólo puedo añadir que viendo las imágenes, me he vuelto a emocionar.

Gracias al equipo de TEDxAndorralaVella y, en especial, a Pilar Zúñiga, por darme la oportunidad de participar en el evento.

Historias de la historia.

Foto hecha por Montse Carrasco en el #hcsmeu_es BCN
No se si conocéis el concepto de "desvirtualización"... son las reuniones en las que, como efecto secundario beneficioso, ponemos cara, voz y piel a aquellos a quienes seguimos, a quienes leemos en el mundo de los blogs y las redes sociales.

En mi caso me encuentro a menudo situaciones sorpren-dentes durante la desvirtua-lización; un clásico es, por ejemplo, preguntar si la mujer de rojo existe o es un producto de mi imaginación, o por el Choto, o por otros posts que han cautivado vuestra imaginación; debo decir que después de mi speech en TEDxAndorra, hubo unos días que allá donde aparecía había literalmente cola para darme abrazos.

Como ya sabéis, no tengo un programa de publicaciones periódicas, y como habéis podido observar, escribo sólo sobre lo que atrae mi interés. Para mí, escribir no es tan solo algo que me distrae y me relaja, es también el resultado de uno de los rasgos más característicos de mi personalidad, aportar, compartir, y ser en todo momento un jugador de equipo.

La verdad es que no publico más porque muchas de las cosas de las que me apetecería hablar están sujetas a compromiso de confidencialidad -NDA-, y aunque tengo compilados más de 300 temas diferentes que podrían ser origen de un post, por razones puramente personales en los últimos tiempos no he tenido el empuje -o la chispa- que me motivara lo suficiente como para escribir y publicar posts.

Sin embargo, hoy he decidido romper mi silencio; y todo viene porque ayer tomé un café con un profesional del sector -lo que generará el que será, sin duda, el post más polémico que jamás haya escrito- y tuve una extensa charla -vía Whatsapp- con una buena amiga.

Me gustaría hablaros de las motivaciones, del impulso, de la chispa, que han sido el origen de algunos de mis posts más leídos; me gustaría hablaros de las historias de la historia.
  • Aunque no ha sido de los más leídos, en 2008 -época de vino y rosas, ¿recordáis?- yo ya hablaba de recortes sanitarios en la sanidad pública, y la chispa fue una conversación en un tren -una historia Renfe- con el CIO de un hospital catalán, miembro asimismo de su Consejo de Administración.
  • Si seguimos con las historias Renfe, decir que la mujer de rojo existe: superé mi timidez;  después de casi 12 años viéndola cada día por la mañana -soy muy tímido- me atreví a dirigirle la palabra; ante mi sorpresa, ella también se había fijado en mí: se llama Celia, y desde que se produjo mi salida del proyecto de Sant Pau no he vuelto a verla, aunque a menudo pienso cómo debe llevar sus viajes con sus hijos día a día en el tren.
  • De TEDxAndorra he publicado ya varios post, pero hay aún detalles que hasta ahora no había revelado: tal como explico en el post, los organizadores del TEDx podrían no haber aceptado mi candidatura. En ese caso el speaker propuesto habría sido Amalia Arce, la mamá pediatra.
  • ¿Y por qué "La magia de un abrazo" y no otro nombre? La idea partió de un simple y humilde abrazo que me dio Mercè Bonjorn en aquellos días, entre tristes y duros para mí.
  • Otros posts han sido el resultado de una comida, de un café, de una plácida sobremesa; en otros casos, como "Cuatro amigos que cambiaron el mundo", tropecé por casualidad con el libro cuando en realidad iba a escribir sobre la depresión...
  • "Despotismo ilustrado" es un post más visceral y sobre el que tuve muchas dudas antes de publicarlo; si salió a la luz fue porque mostré el texto a mi gran amiga Montse Carrasco -aprovechando una entrega de premios de Diario Médico que se llevó a cabo en el TNC, y apartados discretamente en un rincón- y me convenció de que se debía publicar sí o sí.

Después de ese post, confieso que se agotaron las pocas ganas que tenía de escribir; de ahí nacen los posts a cuatro manos que se redactaron conjuntamente con Esther Gorjón y se publicaron en "Signos vitales 2.0"; o el que hasta hoy era el último post de este blog, escrito conjuntamente con Juan Carlos Muria -realmente quien aporta el peso específico de la historia-, Iñaki González y yo.

Pero quizás la historia más extraordinaria es la que originó mis dos últimos posts en solitario, el de la inocentada de 2011 y el publicado en el blog de "Mírame, diferénciate", "Un cuento de Navidad".

El post de la inocentada tiene su origen en Benicàssim: una conversación -entre jocosa y formal-, delante de bebidas frías, con Serafín Fernández y Antonio Jesús Ramos -Cuidando.es- sobre el Código Choto: nos reímos mucho, y guardé esta conversación en mi memoria como posible tema de un post inocentada. 

Unos días más tarde, en el transcurso de una conversación telefónica posterior con Serafín, le comenté la posibilidad de publicar algo relacionado con el Choto, pidiéndole permiso para publicar la historia que tenía en mente, permiso que me concedió entre divertido y asombrado.

El caso es que se iba acercando la fecha y aunque la idea de dar una forma de "paper" formal a esa divertida conversación cada vez me gustaba más, también calculaba las posibles repercusiones negativas de publicar lo que tenía en mente en el blog y la posible pérdida -que no se produjo- de reputación digital.

Hasta el día 25 de diciembre no tomé la decisión de publicarlo, y aquí empieza la historia de la historia.

Ese día una buena amiga mía, la Dra. Pallarès, estaba de guardia; ella estaba triste y no estaba de buen humor, así que le comenté si quería que la recogiese a la salida del hospital para acompañarla a su casa, con el ánimo de hablar con ella y animarla; ella accedió, aunque me advirtió que no sería una buena compañía. Debo decir que ella es una persona encantadora, así que muy mal debía estar para hacer semejante advertencia.

Podría haber escrito la inocentada cualquier otro día, pues tenía tiempo hasta el día 27 a las 23:59 -en la más pura tradición procrastinadora-; sin embargo escribí el post durante la tarde del día 25 porque quería que ella lo leyese, quería arrancarle, si no una carcajada, al menos, como mínimo, una sonrisa. 

Acabé de escribir el post con el tiempo justo de copiarlo en un Google Docs, para que ella pudiera leerlo desde mi terminal Android; realmente estaba triste y seria: no se rió, pero sí hubo una sonrisa fugaz. Me dejó preocupado... muy preocupado.

Cuando volví a mi casa, recibí un mensaje de Serafín, pidiéndome que escribiese algún texto para el blog de "Mírame...", y tenía que ser algo para antes del día de fin de año; francamente, no tenía ni idea de qué podía aportar a la iniciativa, así que en algún momento estuve tentado de declinar la petición.

Pero no podía dejar de pensar en la Dra. Pallarès. Me fui a dormir y aquella noche soñé con ella. 

Era un sueño en el que había una doctora triste, en Urgencias, y que atendía a un niño que se llamaba Gabriel...

Por la mañana del 26 de diciembre transcribía el sueño que, con algunos retoques clínicos aportados por Olga Navarro -y su voz-, se convertía en "Un cuento de Navidad", que fue publicado el 30 de diciembre.

Podría explicar más historias de la historia, pero prefiero dejarlo aquí.

Tan sólo una pregunta...

Contadme, ¿cuáles son vuestras historias de la historia?

Feliz Navidad.

Va-
ya a
caminar.
Sonría a su
hijo. Haga su
álbum familiar.
Cuente las estrellas.
Llame a sus amigos por
teléfono. Dígale a alguien
“te quiero mucho”. Sea un niño
otra vez. Salte a la cuerda.
Diga que sí. Ríase. Lea un buen
libro. Pida ayuda. Corra. Cumpla sus
promesas. Cante una canción. Salte para
divertirse. Cambie su peinado. Sea voluntario.
Piense. Devuelva un favor. Termine
un proyecto. Rompa un hábito. Dése un baño
de espuma. Haga una lista de las cosas que hace
bien. Relájese. Pierda un poco el tiempo. Exprese
lo suyo. Trátese como un amigo. Escriba un poema bello.
Acepte un cumplido. Perdónese. Deje que alguien lo cuide.
Muestre su felicidad. Aprenda algo que siempre deseó. Tóquese la
punta de los pies. Mire una flor con atención. No diga "no puedo" por
un día. Cante en la ducha. Empiece una nueva tradición familiar. Haga
un picnic adentro. Por hoy, no se preocupe. Practique el coraje en las pequeñas
cosas. Ayude a un anciano del barrio. Mire fotos viejas. Escuche a un
amigo. Imagine las olas en la playa. Juegue con su mascota. Permítase brillar. se
una palmada en la espalda. Grite por su equipo favorito. Pinte un cuadro. Salude
a un nuevo vecino. Visite un museo. Haga un pequo cambio. Escriba en su diario.
Delegue tareas. Hágale sentirse bienvenido a alguien. Permita que alguien lo ayude.
Vaya a la biblioteca y escuche
el silencio. Sepa que
no está solo. Déle
nombre a una
estrella. Cumpla
una promesa.
Hágase un regalo.

P.D. El origen de este árbol se remonta a 1998, en el que un conocido me lo envió como felicitación de Navidad. El nombre de quien me envió este texto se ha perdido, pero sin embargo durante todos estos años lo he conservado con mucho cariño. Lo encontraréis en su versión en color y descargable como documento PDF aquí

Mírame a los ojos, estoy aquí... Diferénciate.


En septiembre de 2008 -en la primera época del blog, cuando se llamaba "Inquietudes de Maimónides" y un servidor escribía bajo un cómodo y protector anonimato- publiqué un post sobre la disposición de las pantallas de ordenador en una consulta médica; las fuentes origen de dicho post las podéis encontrar aquí.

En resumen, en dicho post explicaba las dificultades que podía tener un implantador de un sistema de información sanitario en cuanto a la colocación más idónea de las pantallas de ordenador, buscando el punto medio de ergonomía de trabajo, atención al usuario y metodología de registro.

Si bien desde 2008 ha llovido bastante, la situación no es que haya cambiado tanto: en general en las consultas las pantallas son planas, no representan una barrera visual entre clínico y paciente y la colocación de las mismas suele ser en una de las esquinas -preferentemente a la derecha del profesional- de la mesa.  

Hay algunos casos ejemplares, como pueda ser el del Dr. Salvador Casado, cuya disposición de consulta es que él se sienta al lado del paciente y la pantalla a la vista de los dos, disposición que también se usa en los equipos de atención primaria de SAGESSA en la provincia de Tarragona; en este último caso la disposición nació después de un esfuerzo conjunto entre médicos de familia y psicólogos con el fin de mejorar la atención percibida por los pacientes.

No obstante -si obviamos la sencillez y ergonomía del software- es cierto que muchas veces el paciente percibe que el clínico está más atento a la "pantallita" que no a su problema de salud.

Y nada más lejos de la realidad: el clínico probablemente está luchando por registrar las variables significativas de su caso en su curso clínico, en sus antecedentes, registrando prescripciones o movimientos de IT...

Pero también es cierto que en algunas -pocas- ocasiones la pantalla permite una cómoda "huida", máxime cuando se tienen que comunicar noticias no demasiado buenas.

Y hablo de pantallas porque es lo primero que percibimos como pacientes; hace 15 años atrás, las pantallas no existían, existía la HC de papel, y cumplían también su cuota de atención y de refugio.

Pero en el otro lado está el paciente, "el que padece", el que está obligado por su condición a usar su hemisferio derecho; el que está indefenso; el que se siente dependiente; el que necesita que cuando le comuniquen que tiene un carcinoma de páncreas de tipo 4, que el médico se levante, se siente delante de él, y sea capaz de cogerlo de la mano, de ponerle la mano en el hombro, de abrazarlo... de mirarle a los ojos, de emocionarse; de transmitirle "no es tu lucha, es nuestra lucha. No estás solo. Mis habilidades y mi conocimiento están a tu servicio". 

Y no son palabras, no se necesitan palabras; nuestro lenguaje corporal, las manos, nuestro tono de voz, nuestros ojos... dicen mucho más que miles de palabras.

No es mejor clínico quién sea capaz de diagnosticar y curar más casos; lo es quién consigue en ese proceso la empatía con el paciente y dirigirla de un modo más eficaz a resolver el problema de salud que esté presente.

Y ciertamente, en muchos casos, una parte de las patologías presentes en las consultas, día a día, tienen un origen psicosocial, con lo que a menudo se revela más eficaz una intervención de enfermería o de trabajo social que no la prescripción de principios activos.

En esta lucha habrá batallas que se deban ganar y habrá otras que se deban pelear; pero siempre el paciente debe sentir que estamos a su lado y cuando llegue el final, rendir honores a quienes han luchado.

Para acabar, me gustaría citar al capitán James T. Kirk, comandante del USS Enterprise: "La tripulación del Enterprise siempre ha ido más allá, ha marcado la diferencia... hemos nacido para marcar la diferencia".

Por eso, porque hemos nacido para marcar la diferencia, porque ha llegado el momento de hacer las cosas de un modo diferente para que ya nada vuelva a ser igual, apoyo la iniciativa "Diferénciate", para impulsar y potenciar el lado más humano de la medicina.

Encontrarás más información en la web de la iniciativa, en Facebook y Twitter.

Y tú, ¿quieres ayudarnos a marcar la diferencia?

¡Diferénciate!

P.D. Los ojos de la foto son de mi hija Helena.