miércoles, 22 de abril de 2015

La mente colmena.

4 de noviembre de 2014. 50 personas reunidas en un garaje. WiFi, futbolín, bebidas. Buen rollo a espuertas. Una misión: Juntos contra el aislamiento digital. Un ambiente adecuado para dar rienda suelta a la creatividad del grupo. No hay espacio para lurkers.

Se establecen diferentes grupos de trabajo, cuyos integrantes van cambiando con el tiempo. Llega el momento de coincidir con el resto de mi grupo, el mixto, liderado por la Sardar Sherpa Esther Román, y compuesto por Iñaki González, Lara Hernández, Paula Traver y un servidor.

Aparece la expresión "mente colmena". 

Se produce un momento de silencio.

¿Qué es una mente colmena? Fácilmente lo podemos asociar a una organización social basada en el modelo de las abejas. Vamos a ir un par de puntos más allá.

La definición clásica de mente colmena bien pudiera ser la capacidad de organización de un grupo de trabajo interdisciplinar (o multidisciplinar) y donde prima la horizontalidad: nadie es más que nadie y sólo prima el bien común. Como definición, bien, pero poco ambiciosa. 

Mi visión de la mente colmena es que todos y cada uno de nosotros somos nodos en una red global, en la que cada uno aporta su conocimiento y su experiencia. En la que cada nodo confía plenamente en los conocimientos y experiencia del resto de nodos. En el que un nodo no tiene necesariamente cómo saber hacer una tarea sino quién posee el conocimiento necesario para realizarla. En el que cada nodo tiene una base cultural amplia y suficiente madurez para compartir, para dar, para recibir. Para enseñar, para aprender. Es la escucha activa, la asertividad, la empatía. Es el trabajo en red, es la cultura en red. Es el conocimiento, entendido como la capacidad de compartir experiencia y visión. Es el liderazgo compartido. Es la generación pura de emoción.

Esto es un #sherpas20. Yo lo soy. ¿Nos acompañas?

martes, 21 de abril de 2015

Smartphones: sí, también son wearables.

Creo que todos ya hemos oído hablar de los wearables. Para los que prefieren el palabro en castellano, llevables o ponibles.

Los hay de todas clases, formas y funciones, como ya mostré en este post.

Para el usuario medio, al que este tema no le deja de llamar la atención, el gasto de una cifra que oscilará fácilmente entre los 100 y 200€ para un dispositivo que prácticamente cada noche tendrá que poner a cargar, que no funciona si no está el smartphone, y que al final, si no se halla una utilidad percibida -las personas que cuidan su forma física en gimnasios o practicando running lo apreciarán- los acabarán arrinconando por falta de adherencia.

La pregunta es: ¿no sería posible tener algún tipo de dispositivo que nos cuente pasos, kilómetros, pisos subidos... sin tener otro gadget? ¿Sin tener que gastar más dinero?

Pues sí, es posible: con nuestro smartphone.

Rebobinemos: dispongo para uso en la Unión Europea de un iPhone 6, y en Latinoamérica de un Moto G 2014.

En el iPhone a partir de iOS8 viene instalada la app Salud. Para el Moto G me he bajado Google Fit. A efectos de lo que voy a mostrar, la app Salud y Google Fit tienen un comportamiento parecido. En ambos casos, para que funcionen correctamente, hay que introducir como mínimo talla, peso, sexo y edad.

Tanto Salud como Google Fit funcionan en segundo plano, cuantificando desde el momento que el smartphone se pone en marcha, por lo que es posible llevar un control del ejercicio sin prácticamente darnos cuenta. Por supuesto, ambas apps se pueden integrar con wearables al uso. 

También hay otras aplicaciones, como RunKeeper, que son capaces de trabajar automáticamente en segundo plano (si se dispone de iPhone 5S o iPhone 6, dado que aprovecha características de los coprocesadores M7 y M8 de Apple).

Visto esto, el sábado 18 de abril decidí hacer una prueba: me puse unos tejanos, el iPhone6 en el bolsillo delantero izquierdo y el Moto G en el bolsillo delantero derecho. Como me gusta caminar, anduve el trayecto que muestro a continuación:


Este es el recorrido que recogió el Historial de Ubicaciones de Google.

De acuerdo con la traza, 3.9Km de ida y 3.9Km de vuelta.  

Las capturas se realizaron el sábado por la tarde tras finalizar el paseo. Estos son los resultados:

App Salud.

Google Fit.
Google Fit.


La app Salud da una información bastante completa, como se puede comprobar. La diferencia de pasos entre Google Fit y Salud es debida a que el dispositivo Android lo puse en marcha para la prueba, mientras que el iPhone ya andaba dando tumbos por casa. En cuanto a Google Fit, tal vez no da tanta información, pero cumple también su cometido.

Para los más acérrimos defensores de los wearables, faltarán cosas como los movimientos cuando dormimos o bien el pulso. Se puede criticar también que si hacemos running dónde situamos el smartphone (respuesta: en el brazo, que ya nos sirve de soporte para que conjuntamente con auriculares se pueda escuchar música). Este post no es para ellos... ;-)

Para el común de los mortales, el uso de estas apps puede ser una manera low-cost de medir el ejercicio sin tener que comprar ningún gadget.

viernes, 17 de abril de 2015

De ratones y certificaciones.

Entro en LinkedIn y veo una actualización del status de un amigo. Ahora es asesor de una compañía desconocida. Busco la empresa y aparentemente es un portal que mantiene una historia clínica en modalidad ASP. No hay referencias, poca información y cláusulas un tanto abusivas. Para acabarlo de arreglar, en las condiciones de privacidad mencionan a Google AdWords. ¡Apaga y vámonos!

Anoto mentalmente que nunca iré a consulta con ningún médico ni centro que tenga esta HCI. No me merecen confianza. No me la merece ningún centro que no respete la normativa vigente, por mucha excelencia clínica que me vendan.

Este es el desencadenante de esta reflexión.

Todos, más o menos, en diferentes foros, hemos manifestado nuestra preocupación por la avalancha de apps de salud. Y todos en algún momento, hemos manifestado nuestro convencimiento de la necesidad de la regulación, acreditación, certificación u homologación de las mismas.

Pero nunca, ninguno -con la honrosa excepción de Julio Mayol- ha planteado la necesidad de certificar u homologar el sistema de información sanitario que se implanta en una consulta, en un centro sanitario, en un hospital... en una Comunidad Autónoma.

¿Y por qué? Se supone que con el cumplimiento de la normativa reguladora básica debiera ser suficiente. LOPD y autonomía del paciente, entre otras. ¿Exigimos un certificado que acredite que es cierto lo que manifiesta el proveedor? De hecho, fuera de la presentación de normas ISO, y cumplimiento de estándares como CMMI, en España pocas veces se exige. Aparte del pequeñísimo detalle que no existe una autoridad de certificación como tal ni una normativa que detalle los mínimos exigibles para un sistema de información sanitario.

En otros países es diferente. En Estados Unidos o México, por poner dos ejemplos, existe una normativa donde detalla qué requisitos debe cumplir una HCI, cuáles son los planes de prueba que debe pasar para poder homologarla y cuáles son los organismos que pueden expedir el certificado.

¿Y cuál es el riesgo y el porqué de este post? Porque aunque las grandes organizaciones sanitarias a priori disponen de equipos humanos de Sistemas que se encargan de verificar la veracidad de las afirmaciones de cada uno de los vendors, existe un nicho de mercado, el de las consultas privadas, que casi siempre por desconocimiento, pueden llegar a usar sistemas que no cumplirían la legislación tanto de protección de datos como la relativa a Sanidad.

Así pues, la definición de los tiempos de respuesta a incidentes (SLA), qué pasa si me quiero ir de tu HCI a otro HCI, costes de mantenimiento y qué incluyen, quién es el responsable de los datos, las medidas de seguridad, el documento de seguridad, los cambios evolutivos obligados por legislación a cargo de quién van, entro otras, tienen que ser las preguntas que deberían poder contestar cualquier empresa proveedora, así como, si es modalidad ASP, dónde residen los datos, entre otros. Y si es cloud, dónde está situado dicho cloud y si está homologado por las autoridades de protección de datos.

Un detalle: a día de la publicación de este post, el único proveedor de cloud que está expresamente autorizado por la Agencia Española de Protección de Datos es Microsoft con su plataforma Azure, quedando expresamente recogida en la resolución los "datos especialmente protegidos".

Para que nos hagamos una idea, la actividad sanitaria privada, según datos publicados en marzo de 2015 por la Fundación IDIS, supone el 28% de la asistencia sanitaria de nuestro país.

Garantizar la seguridad de los datos de los ciudadanos que libremente escogen la medicina privada debería ser también una prioridad.

jueves, 12 de marzo de 2015

Un sábado cualquiera.

Comentario publicado originalmente en el grupo de Facebook "El médico de mi hijo.".

Sábado, 21 de febrero de 2015, 11 de la mañana. Plaza del Zócalo, México DF. 

Seis mujeres con bata blanca y acreditación oficial. Una de ellas porta una nevera portátil. Sólo se dirigen a transeuntes con niños pequeños. Se están moviendo entre el gentío que a aquella hora abarrota la zona. Veo un cartel. Una campaña de vacunación contra la polio. Me acerco. Están hablando con un padre. Porta en brazos a un niño de unos dos años. Una de ellas le pregunta al padre si el niño está vacunado. Le contesta que no. Le ofrece vacunarlo allí y ahora. Le informan de que le administrarán la vacuna por vía oral. El padre asiente. Mientras la mujer de la nevera la abre para preparar la dosis, otra muestra unos adhesivos con smileys :-) con el fondo amarillo. Se los enseñan al niño. El padre le abre la boca. El niño protesta, pero la mujer ya ha conseguido que tome la dosis. 

El padre pregunta. Las vacunas son gratuitas, le informan. Le indican dónde puede llevar al niño a vacunar. El padre se despide. 

Las mujeres me miran con curiosidad. Mi aspecto para ellas es el de un gringo. Pierden rápidamente el interés en mí, pues ya han localizado a una madre con otro niño... 

Las vacunas salvan vidas.


lunes, 2 de febrero de 2015

Probando Esporti Revolution.

El 19 de octubre, en el contexto de la Jornada de Videos y Salud que se celebró en Barcelona, conocí a María Ángeles Medina y a Manuel Escobar. Ya los seguía por redes sociales y apenas empezaba la andadura de una app destinada a la prevención de la obesidad infantil, Esporti Revolution. Recuerdo de aquel día -un día muy difícil para mí- que me pidieron que les aportara en un clip de video un mensaje destinado a prevención y fomento de hábitos saludables, como a otros muchos de los asistentes. 

Aunque mis hijas no son especialmente sujeto de esta app -las dos están delgadas-, tras leer posts sobre la app en algunos blogs de Pediatría (El médico de mi hijo, Neuronas en crecimientoPediatría basada en pruebas y Diario de una mamá pediatra, entre otros), pensé que -por qué no- hacer también una reseña, pero muy diferente: involucrando a los usuarios, a niños; en este caso a mis hijas.

La experiencia me enseña que siempre hay que tener la opinión del usuario final, las niñas. También mi opinión es importante, por mi doble vertiente de padre y "responsable de sistemas" familiar.

Este es un post escrito a seis manos, las de mis hijas y las mías. Lo que ellas han dicho ha sido transcrito "as is", con el único tamiz de la corrección gramatical. No creo que a estas alturas del partido tenga que presentarme, pero sí quiero hacer una breve presentación de mis chicas.

Júlia, la mayor, tiene 12 años. Dispone de ordenador portátil, tablet, y desde hace relativamente poco, smartphone. Apunta maneras de crack en el uso de dispositivos digitales y creedme si os digo que cada vez tengo que esforzarme más en seguirla. Su curiosidad no tiene límites. Su rendimiento escolar es sencillamente excepcional. Está acostumbrada -he tenido algo que ver en ello- a preguntar de modo directo, porque sabe que siempre encontrará respuestas directas y razonadas. El texto de Júlia está marcado en rojo.

Helena, la pequeña, está a dos meses de los 10 años. Tiene un uso y riqueza de lenguaje que supera a la media de los niños de su edad. Apunta maneras de hacker: con 7 años fue capaz de reventar la protección de bloqueo facial de mi Samsung Galaxy SIII. ¿Cómo? Mostrando a la cámara frontal una de mis fotos. Práctica, directa, pero al mismo tiempo muy sensible. Lectora empedernida. Muy inteligente. Su rendimiento escolar es muy bueno. El texto de Helena está marcado en azul.

Si me permitís, yo también daré mi opinión como padre. Mi texto, en granate.

La versión de la app que hemos probado es la básica.

Helena: La app me gusta, pero creo que tendrían que poner algún tipo de mapa y que hubieran varias gotitas y que cada una fuera un nivel.  Creo que los trofeos podrían ser más divertidos, por ejemplo si he subido escaleras, que hubiera un avatar con un muñeco que sube las escaleras. Creo que sí, que podría recomendar esta aplicación a mis amigos.

Júlia: La app me gusta. Encuentro que debería existir algún tipo de modo que cuando hagas ejercicio, si llevas el teléfono encima o de alguna manera que se pueda entrar directamente los pasos y el movimiento, y que te ponga la puntuación. Sobre Esporti Bits: hay preguntas que los niños no las saben, como la del atleta del maratón descalzo. Creo que las preguntas deberían ser adecuadas a la edad del niño. También creo que debería haber diferentes niveles y así sería adecuado para todas las edades. Esto afectaría también al área de clasificación, en la que se debería agrupar por nivel. Otra cosa es que sólo puedo entrar dos actividades al día, cuando hay días que practico deporte en la escuela y luego en el club de atletismo: carreras, jabalina, salto de longitud, pelotas medicinales, tablas de gimnasia... Además, se debería ampliar la lista de actividades, creo que hay muy poquitas: algunas de las que hago no están.

Recomendaré la app a mis compañeros del club de atletismo.

Rafa: La instalación se hizo en dos dispositivos Android 4.4 y 4.1 (teléfono y tablet) sin presentar ninguna dificultad. En el momento del registro no quise que las niñas supieran la contraseña, así que puse una de las mías, de las complicadas. Problema: cuando sales de la aplicación y vuelves a entrar te la vuelve a pedir. Creo que sería interesante que la app recordase la contraseña. Otra mejora sería la de que en alguna parte, dentro de la app, estuvieran reflejadas las condiciones de uso y dónde se almacena la información de los menores. El proceso de establecer un vínculo de amistad entre las niñas me pareció adecuado. Debo decir que cuando la instalé, Helena necesitó un poco de ayuda para empezar a usarla. Tal vez algunos iconos deberían ser un poco más grandes y con mayor contraste de color; por ejemplo, en el buscador de actividad, es una lupa de color verde sobre una gota azul que no es demasiado grande. Una vez superados estos problemas, me costó desengancharlas

Más cosas que he visto: en Esporti Bits puede que el nivel de las preguntas sean para un adulto más que para un  niño. También creo que sería bueno la integración con algún wearable "self quantifying" -por ejemplo FitBit- para facilitar la entrada de la actividad por una parte, y para obligarle a hacer ejercicio por otra. Tal cual está puede que haya menores que falseen la entrada de actividad para tener una puntuación superior... La culpa es de la gamificación, el "palabro". Cabe decir que la integración con wearables -no indica en la web con cuáles- está disponible en las versiones de pago.

Como padre, me parece una app adecuada al uso al que está destinada y totalmente recomendable.

ConclusiónEs una app con un buen diseño, bien pensada, con un grado de usabilidad destacable, y que en su estado actual cumple con los objetivos para los que fue diseñada. ¿Mejoras? Todo es memorable, sin duda. En este caso los cimientos son excelentes.

Para más información, nada mejor que la página web de Esporti Revolution.

Un muy buen trabajo de Mª Ángeles y Manuel... ¡Felicidades, chic@s!