La mente colmena.

4 de noviembre de 2014. 50 personas reunidas en un garaje. WiFi, futbolín, bebidas. Buen rollo a espuertas. Una misión: Juntos contra el aislamiento digital. Un ambiente adecuado para dar rienda suelta a la creatividad del grupo. No hay espacio para lurkers.

Se establecen diferentes grupos de trabajo, cuyos integrantes van cambiando con el tiempo. Llega el momento de coincidir con el resto de mi grupo, el mixto, liderado por la Sardar Sherpa Esther Román, y compuesto por Iñaki González, Lara Hernández, Paula Traver y un servidor.

Aparece la expresión "mente colmena". 

Se produce un momento de silencio.

¿Qué es una mente colmena? Fácilmente lo podemos asociar a una organización social basada en el modelo de las abejas. Vamos a ir un par de puntos más allá.

La definición clásica de mente colmena bien pudiera ser la capacidad de organización de un grupo de trabajo interdisciplinar (o multidisciplinar) y donde prima la horizontalidad: nadie es más que nadie y sólo prima el bien común. Como definición, bien, pero poco ambiciosa. 

Mi visión de la mente colmena es que todos y cada uno de nosotros somos nodos en una red global, en la que cada uno aporta su conocimiento y su experiencia. En la que cada nodo confía plenamente en los conocimientos y experiencia del resto de nodos. En el que un nodo no tiene necesariamente cómo saber hacer una tarea sino quién posee el conocimiento necesario para realizarla. En el que cada nodo tiene una base cultural amplia y suficiente madurez para compartir, para dar, para recibir. Para enseñar, para aprender. Es la escucha activa, la asertividad, la empatía. Es el trabajo en red, es la cultura en red. Es el conocimiento, entendido como la capacidad de compartir experiencia y visión. Es el liderazgo compartido. Es la generación pura de emoción.

Esto es un #sherpas20. Yo lo soy. ¿Nos acompañas?

Smartphones: sí, también son wearables.

Creo que todos ya hemos oído hablar de los wearables. Para los que prefieren el palabro en castellano, llevables o ponibles.

Los hay de todas clases, formas y funciones, como ya mostré en este post.

Para el usuario medio, al que este tema no le deja de llamar la atención, el gasto de una cifra que oscilará fácilmente entre los 100 y 200€ para un dispositivo que prácticamente cada noche tendrá que poner a cargar, que no funciona si no está el smartphone, y que al final, si no se halla una utilidad percibida -las personas que cuidan su forma física en gimnasios o practicando running lo apreciarán- los acabarán arrinconando por falta de adherencia.

La pregunta es: ¿no sería posible tener algún tipo de dispositivo que nos cuente pasos, kilómetros, pisos subidos... sin tener otro gadget? ¿Sin tener que gastar más dinero?

Pues sí, es posible: con nuestro smartphone.

Rebobinemos: dispongo para uso en la Unión Europea de un iPhone 6, y en Latinoamérica de un Moto G 2014.

En el iPhone a partir de iOS8 viene instalada la app Salud. Para el Moto G me he bajado Google Fit. A efectos de lo que voy a mostrar, la app Salud y Google Fit tienen un comportamiento parecido. En ambos casos, para que funcionen correctamente, hay que introducir como mínimo talla, peso, sexo y edad.

Tanto Salud como Google Fit funcionan en segundo plano, cuantificando desde el momento que el smartphone se pone en marcha, por lo que es posible llevar un control del ejercicio sin prácticamente darnos cuenta. Por supuesto, ambas apps se pueden integrar con wearables al uso. 

También hay otras aplicaciones, como RunKeeper, que son capaces de trabajar automáticamente en segundo plano (si se dispone de iPhone 5S o iPhone 6, dado que aprovecha características de los coprocesadores M7 y M8 de Apple).

Visto esto, el sábado 18 de abril decidí hacer una prueba: me puse unos tejanos, el iPhone6 en el bolsillo delantero izquierdo y el Moto G en el bolsillo delantero derecho. Como me gusta caminar, anduve el trayecto que muestro a continuación:


Este es el recorrido que recogió el Historial de Ubicaciones de Google.

De acuerdo con la traza, 3.9Km de ida y 3.9Km de vuelta.  

Las capturas se realizaron el sábado por la tarde tras finalizar el paseo. Estos son los resultados:

App Salud.

Google Fit.
Google Fit.


La app Salud da una información bastante completa, como se puede comprobar. La diferencia de pasos entre Google Fit y Salud es debida a que el dispositivo Android lo puse en marcha para la prueba, mientras que el iPhone ya andaba dando tumbos por casa. En cuanto a Google Fit, tal vez no da tanta información, pero cumple también su cometido.

Para los más acérrimos defensores de los wearables, faltarán cosas como los movimientos cuando dormimos o bien el pulso. Se puede criticar también que si hacemos running dónde situamos el smartphone (respuesta: en el brazo, que ya nos sirve de soporte para que conjuntamente con auriculares se pueda escuchar música). Este post no es para ellos... ;-)

Para el común de los mortales, el uso de estas apps puede ser una manera low-cost de medir el ejercicio sin tener que comprar ningún gadget.

De ratones y certificaciones.

Entro en LinkedIn y veo una actualización del status de un amigo. Ahora es asesor de una compañía desconocida. Busco la empresa y aparentemente es un portal que mantiene una historia clínica en modalidad ASP. No hay referencias, poca información y cláusulas un tanto abusivas. Para acabarlo de arreglar, en las condiciones de privacidad mencionan a Google AdWords. ¡Apaga y vámonos!

Anoto mentalmente que nunca iré a consulta con ningún médico ni centro que tenga esta HCI. No me merecen confianza. No me la merece ningún centro que no respete la normativa vigente, por mucha excelencia clínica que me vendan.

Este es el desencadenante de esta reflexión.

Todos, más o menos, en diferentes foros, hemos manifestado nuestra preocupación por la avalancha de apps de salud. Y todos en algún momento, hemos manifestado nuestro convencimiento de la necesidad de la regulación, acreditación, certificación u homologación de las mismas.

Pero nunca, ninguno -con la honrosa excepción de Julio Mayol- ha planteado la necesidad de certificar u homologar el sistema de información sanitario que se implanta en una consulta, en un centro sanitario, en un hospital... en una Comunidad Autónoma.

¿Y por qué? Se supone que con el cumplimiento de la normativa reguladora básica debiera ser suficiente. LOPD y autonomía del paciente, entre otras. ¿Exigimos un certificado que acredite que es cierto lo que manifiesta el proveedor? De hecho, fuera de la presentación de normas ISO, y cumplimiento de estándares como CMMI, en España pocas veces se exige. Aparte del pequeñísimo detalle que no existe una autoridad de certificación como tal ni una normativa que detalle los mínimos exigibles para un sistema de información sanitario.

En otros países es diferente. En Estados Unidos o México, por poner dos ejemplos, existe una normativa donde detalla qué requisitos debe cumplir una HCI, cuáles son los planes de prueba que debe pasar para poder homologarla y cuáles son los organismos que pueden expedir el certificado.

¿Y cuál es el riesgo y el porqué de este post? Porque aunque las grandes organizaciones sanitarias a priori disponen de equipos humanos de Sistemas que se encargan de verificar la veracidad de las afirmaciones de cada uno de los vendors, existe un nicho de mercado, el de las consultas privadas, que casi siempre por desconocimiento, pueden llegar a usar sistemas que no cumplirían la legislación tanto de protección de datos como la relativa a Sanidad.

Así pues, la definición de los tiempos de respuesta a incidentes (SLA), qué pasa si me quiero ir de tu HCI a otro HCI, costes de mantenimiento y qué incluyen, quién es el responsable de los datos, las medidas de seguridad, el documento de seguridad, los cambios evolutivos obligados por legislación a cargo de quién van, entro otras, tienen que ser las preguntas que deberían poder contestar cualquier empresa proveedora, así como, si es modalidad ASP, dónde residen los datos, entre otros. Y si es cloud, dónde está situado dicho cloud y si está homologado por las autoridades de protección de datos.

Un detalle: a día de la publicación de este post, el único proveedor de cloud que está expresamente autorizado por la Agencia Española de Protección de Datos es Microsoft con su plataforma Azure, quedando expresamente recogida en la resolución los "datos especialmente protegidos".

Para que nos hagamos una idea, la actividad sanitaria privada, según datos publicados en marzo de 2015 por la Fundación IDIS, supone el 28% de la asistencia sanitaria de nuestro país.

Garantizar la seguridad de los datos de los ciudadanos que libremente escogen la medicina privada debería ser también una prioridad.

Un sábado cualquiera.

Comentario publicado originalmente en el grupo de Facebook "El médico de mi hijo.".

Sábado, 21 de febrero de 2015, 11 de la mañana. Plaza del Zócalo, México DF. 

Seis mujeres con bata blanca y acreditación oficial. Una de ellas porta una nevera portátil. Sólo se dirigen a transeuntes con niños pequeños. Se están moviendo entre el gentío que a aquella hora abarrota la zona. Veo un cartel. Una campaña de vacunación contra la polio. Me acerco. Están hablando con un padre. Porta en brazos a un niño de unos dos años. Una de ellas le pregunta al padre si el niño está vacunado. Le contesta que no. Le ofrece vacunarlo allí y ahora. Le informan de que le administrarán la vacuna por vía oral. El padre asiente. Mientras la mujer de la nevera la abre para preparar la dosis, otra muestra unos adhesivos con smileys :-) con el fondo amarillo. Se los enseñan al niño. El padre le abre la boca. El niño protesta, pero la mujer ya ha conseguido que tome la dosis. 

El padre pregunta. Las vacunas son gratuitas, le informan. Le indican dónde puede llevar al niño a vacunar. El padre se despide. 

Las mujeres me miran con curiosidad. Mi aspecto para ellas es el de un gringo. Pierden rápidamente el interés en mí, pues ya han localizado a una madre con otro niño... 

Las vacunas salvan vidas.


Probando Esporti Revolution.

El 19 de octubre, en el contexto de la Jornada de Videos y Salud que se celebró en Barcelona, conocí a María Ángeles Medina y a Manuel Escobar. Ya los seguía por redes sociales y apenas empezaba la andadura de una app destinada a la prevención de la obesidad infantil, Esporti Revolution. Recuerdo de aquel día -un día muy difícil para mí- que me pidieron que les aportara en un clip de video un mensaje destinado a prevención y fomento de hábitos saludables, como a otros muchos de los asistentes. 

Aunque mis hijas no son especialmente sujeto de esta app -las dos están delgadas-, tras leer posts sobre la app en algunos blogs de Pediatría (El médico de mi hijo, Neuronas en crecimientoPediatría basada en pruebas y Diario de una mamá pediatra, entre otros), pensé que -por qué no- hacer también una reseña, pero muy diferente: involucrando a los usuarios, a niños; en este caso a mis hijas.

La experiencia me enseña que siempre hay que tener la opinión del usuario final, las niñas. También mi opinión es importante, por mi doble vertiente de padre y "responsable de sistemas" familiar.

Este es un post escrito a seis manos, las de mis hijas y las mías. Lo que ellas han dicho ha sido transcrito "as is", con el único tamiz de la corrección gramatical. No creo que a estas alturas del partido tenga que presentarme, pero sí quiero hacer una breve presentación de mis chicas.

Júlia, la mayor, tiene 12 años. Dispone de ordenador portátil, tablet, y desde hace relativamente poco, smartphone. Apunta maneras de crack en el uso de dispositivos digitales y creedme si os digo que cada vez tengo que esforzarme más en seguirla. Su curiosidad no tiene límites. Su rendimiento escolar es sencillamente excepcional. Está acostumbrada -he tenido algo que ver en ello- a preguntar de modo directo, porque sabe que siempre encontrará respuestas directas y razonadas. El texto de Júlia está marcado en rojo.

Helena, la pequeña, está a dos meses de los 10 años. Tiene un uso y riqueza de lenguaje que supera a la media de los niños de su edad. Apunta maneras de hacker: con 7 años fue capaz de reventar la protección de bloqueo facial de mi Samsung Galaxy SIII. ¿Cómo? Mostrando a la cámara frontal una de mis fotos. Práctica, directa, pero al mismo tiempo muy sensible. Lectora empedernida. Muy inteligente. Su rendimiento escolar es muy bueno. El texto de Helena está marcado en azul.

Si me permitís, yo también daré mi opinión como padre. Mi texto, en granate.

La versión de la app que hemos probado es la básica.

Helena: La app me gusta, pero creo que tendrían que poner algún tipo de mapa y que hubieran varias gotitas y que cada una fuera un nivel.  Creo que los trofeos podrían ser más divertidos, por ejemplo si he subido escaleras, que hubiera un avatar con un muñeco que sube las escaleras. Creo que sí, que podría recomendar esta aplicación a mis amigos.

Júlia: La app me gusta. Encuentro que debería existir algún tipo de modo que cuando hagas ejercicio, si llevas el teléfono encima o de alguna manera que se pueda entrar directamente los pasos y el movimiento, y que te ponga la puntuación. Sobre Esporti Bits: hay preguntas que los niños no las saben, como la del atleta del maratón descalzo. Creo que las preguntas deberían ser adecuadas a la edad del niño. También creo que debería haber diferentes niveles y así sería adecuado para todas las edades. Esto afectaría también al área de clasificación, en la que se debería agrupar por nivel. Otra cosa es que sólo puedo entrar dos actividades al día, cuando hay días que practico deporte en la escuela y luego en el club de atletismo: carreras, jabalina, salto de longitud, pelotas medicinales, tablas de gimnasia... Además, se debería ampliar la lista de actividades, creo que hay muy poquitas: algunas de las que hago no están.

Recomendaré la app a mis compañeros del club de atletismo.

Rafa: La instalación se hizo en dos dispositivos Android 4.4 y 4.1 (teléfono y tablet) sin presentar ninguna dificultad. En el momento del registro no quise que las niñas supieran la contraseña, así que puse una de las mías, de las complicadas. Problema: cuando sales de la aplicación y vuelves a entrar te la vuelve a pedir. Creo que sería interesante que la app recordase la contraseña. Otra mejora sería la de que en alguna parte, dentro de la app, estuvieran reflejadas las condiciones de uso y dónde se almacena la información de los menores. El proceso de establecer un vínculo de amistad entre las niñas me pareció adecuado. Debo decir que cuando la instalé, Helena necesitó un poco de ayuda para empezar a usarla. Tal vez algunos iconos deberían ser un poco más grandes y con mayor contraste de color; por ejemplo, en el buscador de actividad, es una lupa de color verde sobre una gota azul que no es demasiado grande. Una vez superados estos problemas, me costó desengancharlas

Más cosas que he visto: en Esporti Bits puede que el nivel de las preguntas sean para un adulto más que para un  niño. También creo que sería bueno la integración con algún wearable "self quantifying" -por ejemplo FitBit- para facilitar la entrada de la actividad por una parte, y para obligarle a hacer ejercicio por otra. Tal cual está puede que haya menores que falseen la entrada de actividad para tener una puntuación superior... La culpa es de la gamificación, el "palabro". Cabe decir que la integración con wearables -no indica en la web con cuáles- está disponible en las versiones de pago.

Como padre, me parece una app adecuada al uso al que está destinada y totalmente recomendable.

ConclusiónEs una app con un buen diseño, bien pensada, con un grado de usabilidad destacable, y que en su estado actual cumple con los objetivos para los que fue diseñada. ¿Mejoras? Todo es memorable, sin duda. En este caso los cimientos son excelentes.

Para más información, nada mejor que la página web de Esporti Revolution.

Un muy buen trabajo de Mª Ángeles y Manuel... ¡Felicidades, chic@s!

Tareas escolares a distancia.

9 de diciembre de 2014. Lugar, México Distrito Federal. Recibo una foto por Whatsapp de mi hija Júlia. La foto corresponde al puente del violoncello de mi hija pequeña, Helena. Está roto. En la foto se ve como parte de la tapa también lo está. Júlia me pide ayuda. Estoy a 10.000 kilómetros de distancia... 

Mi ex contacta conmigo también por el mismo tema y por la misma vía 5 minutos más tarde. Me pide el teléfono y la dirección del luthier, ya que habitualmente soy yo quien lo lleva a reparar. Se lo doy. Esa misma semana el cello estaba de nuevo a punto.

Esto, que a priori pudiera parecer ciencia-ficción, es parte de mi día a día como padre que vive a distancia de sus hijas.

¿Cómo lo hacemos? Voy a intentar explicarlo.

Desde el punto de vista legal está recogido en el pacto de parentalidad el derecho a poder contactar con nuestras hijas si no están con nosotros "no importa el método usado" ni tampoco el momento del día.

Habitualmente usamos el teléfono para comunicarnos, pero cuando se trata de una comunicación algo más elaborada usamos otras vías de contacto.

Por ejemplo, mi hija pequeña creó un grupo de Hangouts -"Los cuatro mosqueteros"- en el que estamos las niñas, mi ex y yo, con lo cual vía chat o videoconferencia múltiple podemos hablar y resolver los temas que nos afectan a todos.

Otro ejemplo es que cuando estoy en Latinoamérica, usamos Skype o Hangouts para hablar. En su casa disponen de un SmartTV LG con Skype, lo que nos permite contactar mediante videollamada; además, cada niña dispone de Hangouts en su tablet, y Júlia en su móvil dispone de Hangouts y Whatsapp. En función del momento del día y de dónde estén las niñas utilizamos la vía más adecuada.

El seguimiento de las tareas escolares es un poco más complejo: quién suele pedir orientación es Júlia. Habitualmente me pregunta si estoy disponible por Whatsapp, y si le contesto afirmativamente iniciamos una videoconferencia Hangouts. 

Si de acuerdo con lo que me explica no acabo de ver el contexto del ejercicio, le puedo pedir que me escanee y me envíe por mail la hoja u hojas que correspondan. Para ello disponemos de una impresora multifunción HP Photosmart 5520C -una en casa de mi ex y otra en mi casa, exactamente iguales- , y en cada uno de los dispositivos móviles del grupo familiar están instaladas las apps HP ePrint y HP AIO Remote (*), que permiten el control del equipo multifunción -impresión, scanner, copia- desde Android o iOS. Si lo que tiene que enviar no es muy grande, hace una foto directamente de la hoja y me la hace llegar. 

En el caso de que esté de viaje y la diferencia horaria lo permita -con México son 7 horas de diferencia- puedo utilizar tanto el teléfono de viaje -un Moto G 2014 Dual SIM con SIM de datos mexicana- como el ordenador portátil profesional -un equipo ejecutado con fibra de carbono y magnesio que supera la norma MIL-STD-810- aunque también cabe decir que en algún caso la comunicación ha sido asíncrona, ya que sólo puedo atender a las niñas de manera continuada cuando me hallo en el hotel.

Las niñas disponen de un ordenador portátil cada una. En los dos portátiles está instalado TeamViewer, al igual que en mis ordenadores personal y profesional, en el iPhone y en el Moto G, y también en mi iPad. El resultado es que ante un incidente informático puedo tomar el control a distancia y ayudarlas, esté donde esté.

Puede parecer un esquema de comunicaciones complejo, pero la realidad es que nuestro sistema multidispositivo y multitecnología se ha revelado particularmente eficaz; la redundancia en cuanto a vías de comunicación ha sido clave en bastantes ocasiones. Las niñas han podido contactar conmigo cuando lo han necesitado, y yo con ellas cada día.

Y eso es lo que realmente importa.

(*) NOTA: para que estas apps de HP funcionen correctamente, los dispositivos móviles y la impresora DEBEN estar conectados a la misma red WiFi. Es importante observar que por peculiaridades del sistema AirPrint de iOS, puede que hayan routers WiFI que no encaminen correctamente las tareas de impresión hacia el dispositivo multifunción. El servicio responsable de la impresión en dispositivos iOS es el Bonjour de Apple. En este caso, la solución es instalar un punto de acceso WiFi específico para ello. Me he encontrado con problemas con los routers ADSL Huawei de Vodafone y con los routers de fibra Technicolor de Jazztel. En mi caso puse un punto de acceso WiFi Linksys WAP 54G para solucionarlo. Tengo los dispositivos móviles (iOS y Android) y la impresora conectados a la WiFi del Linksys; los ordenadores portátiles los tengo conectados a la WiFi del Technicolor. La conexión entre el Technicolor y el Linksys se hace vía cable Ethernet.

El equipo Linksys requirió configurar su dirección IP, máscara, DNS y gateway para que estuvieran en el mismo rango de las otorgadas por el servidor DHCP del Technicolor. Las dos WiFi están en el mismo rango de direcciones y la única diferencia entre ellas son los canales de salida y el SSID. Un consejo: si no entiendes lo que estoy explicando no intentes hacerlo tú. Busca ayuda. Te ahorrarás quebraderos de cabeza.

La entrevista que no fue.

Estudio donde se graba el programa @Mossegalapoma.
A principios de diciembre, mientras estaba a punto de embarcar por segunda vez a México, recibí un correo de Across Health, en nombre de Campus Sanofi, en la que se pedía mi colaboración para contestar unas preguntas sobre el futuro de la e-salud en 2015.

Marqué el mail como favorito para contestarlo cuando pudiera y... bien, estar en otro país es muy absorbente. La realidad es que respondí un mes más tarde.

Desde Across Health me contestaron amablemente diciéndome que el artículo donde debían constar estas preguntas ya había sido publicado.

Dado que en mi opinión las preguntas eran muy interesantes, no os voy a privar de mis respuestas.

En color rojo encontraréis las preguntas y en color negro mis respuestas.

Enjoy it! 

  • ¿Qué cambios cree que tendrá la salud digital en 2015? ¿Cree que veremos algo nuevo o tendencias en términos de…? 
  • Historia Clínica electrónica 
  • En estos momentos estamos en un período de transición, en el que las historias clínicas electrónicas se están empezando a conectar con repositorios regionales y nacionales -incluso internacionales- 
  • Se está empezando a ver un tímido uso de los Personal Health Record 
  • En algunos casos se está evolucionando al registro clínico apoyado en el uso de thesaurus  
  • Tenemos que ver la progresiva integración de los sistemas de telemedicina   
  • La eclosión de las apps de salud de segunda generación: son totalmente autónomas, pero también son capaces de estar integradas en un sistema de información convencional para permitir una mayor comunicación bidireccional médico paciente. 
  • E-Receta 
  • Hasta donde yo sé, con un grado de avance variable, ya está implantada dentro del SNS. El siguiente paso es la interoperabilidad entre CCAA primero, internacional después. En el momento que la eReceta catalana me permita recoger mis medicamentos en una oficina de farmacia de Castellón -por poner un ejemplo- será señal de que andaremos progresando en la buena dirección. 
  • Apps y wearables (para la práctica clínica y/o para monitorización de la salud) 
  • De las apps pienso que... hay demasiadas. Me explico. Si miramos las App Store de iOS o Android, tendremos decenas de miles de apps etiquetadas como de salud, cuando la realidad es que muchas son de wellness / wellbeing. También existen las apps "magufo", las que dicen hacer cosas que en realidad sólo existen en la calenturienta mente del desarrollador. Y después quedan las genuinas, las que realmente lo son y están acreditadas de alguna manera como tales... ¿Cómo diferenciar? ¿Cómo puede un endocrino "prescribir" una app para diabetes si es posible que existan 20 apps diferentes para esta patología? ¿Cuál es el criterio de elección? ¿Acabaremos teniendo apps en guía, como tenemos actualmente fármacos en guía? Para mí la mejor app de salud es la que pueda ser prescrita y pueda estar integrada en el sistema de información que use el médico. Y si encima se adapta al estilo de vida del paciente, facilitándole la entrada de información -incluso entrando la información por él- mejor. El axioma es que la tecnología que funciona es la que no se nota. Si se nota es que tiene algún problema de concepción o diseño.
  • En cuanto a los wearables... si hablamos de los que están disponibles comercialmente, tienen dos problemas: el primero la duración de batería entre cargas. El segundo la precisión. Mi pregunta es: ¿realmente nos aportan información significativa? Tal vez para deportistas -especialmente runners- puede que sí. Para el resto no lo tengo tan claro. Además está el problema de la adherencia al uso de los mismos. Si son para uso clínico, por muy wearables que sean ya pasan a la consideración de medical devices... Aún así y todo, no veo a corto plazo una explosión en este campo. Mención aparte merecen los wearables que permiten el "self quantifying". Para estos veo un futuro prometedor, aunque encajan más con wellness / wellbeing que con salud. 
  • Uso de tecnología por parte de profesionales sanitarios (desde uso en su práctica clínica hasta prescripción de enlaces y apps). Creo que en los últimos años ha habido un grado considerable de avance. Pero no nos engañemos. Si bien es cierto que la mayoría de profesionales sanitarios ya dispone de smartphones, es una minoría la que le saca "jugo" para actividad asistencial. En los clínicos más jóvenes y en ciertas especialidades -como puede ser Pediatría- creo que hay un uso mayor de la tecnología, llamémosle app, llamémosle nuevas formas de relación con el paciente (Whatsapp / email) o prescripción de apps y webs. 
  • Uso de tecnología por parte de pacientes para monitorización y/o autocuidado Estamos avanzando en este aspecto, es cierto, incluso en segmentos de población que a priori nos pudieran parecer refractarios como pudieran ser los adultos mayores. En algunos pilotajes de telemedicina para crónicos el grado de adherencia de los pacientes de edad avanzada al sistema suele ser elevada. ¿Por qué? Porque tienen feedback de los resultados. Se sienten mejor controlados, por tanto más seguros y esto impacta positivamente en sus actividades de la vida diaria. La consecuencia es que no hay que invertir tantos recursos en ellos
  • Algún otro elemento de la salud digital que desee destacar. Hablaría del "palabro" de moda, del Big Data. El problema es que si no tenemos el software adecuado que nos encuentre pautas y correlaciones en el marasmo de datos, que a su vez nos permitan formular preguntas concretas, poco provecho le sacaremos. También hablaría de otro término de moda, las redes sociales en combinación con Big Data. Todo esto está muy bien, pero no nos equivoquemos: en estos momentos los datos no nos están dejando ver el conocimiento.
¿Más preguntas?

Reflexiones sobre seguridad en la consulta.

Este post, como éste otro, se origina en una de las sesiones de chat del grupo de Whatsapp de Health2.0 BCN.

En esta ocasión, el día 1 de enero, más o menos a las 15:00h de la tarde, se inicia una discusión sobre el uso de Whatsapp y del mail como herramientas de atención a distancia y... bueno, aquí nace este post. 

Ya en este espacio hablé de Whatsapp, de Telegram, y del venerable pero no menos eficaz teléfono

Las conclusiones eran claras. Pero la realidad es tozuda, y si tenemos una app que encontraremos instalada sin excepción en cualquier smartphone de este país esta es Whatsapp. No es la mejor, lo sabemos. Sucede lo mismo que pasó en su momento en la guerra de formatos de video doméstico entre VHS y Betamax. Betamax era superior en todos los aspectos, salvo en uno: el público compraba VHS porque la mayoría de sus amigos tenían VHS y se podían intercambiar las cintas. Ganó el formato VHS.

Así que levante la mano quién teniendo un amigo médico no haya tirado de Whatsapp ni médico que no haya contestado alguna consulta por el mismo canal. Esto da una idea de la utilidad que supone para la población el acceso a servicios sanitarios mediante mensajería instantánea.

Otra cosa es la seguridad: desde que fue comprado por Facebook en febrero de 2014, muchas son las voces que han pedido dejar de usar esta app, por las sospechas de que mensajes de personas de relevancia pública podrían ser filtrados a través de Facebook a la NSA. Después de haber rastreado si había alguna referencia a este asunto -incluso he llegado a consultar WikiLeaks- no he encontrado ninguna mención, ni de pasada. No obstante, grandes compañías alemanas han prohibido el uso de Whatsapp a sus empleados en sus terminales móviles de empresa; para algunas de ellas es falta grave y motivo de despido directo. Me contaban de una de estas empresas, laboratorio farmacéutico, que la prohibición alcanzaba a los visitadores médicos, y que para mantener el contacto con "sus" médicos, en algunos casos hacían uso de sus dispositivos personales... equipados con Whatsapp.

Así que, "con la iglesia hemos topado, amigo Sancho"... ¿Y ahora qué?

A la espera de que alguna administración pública sea consciente de este problema y dé con alguna solución (me consta que en Andalucía ya se está haciendo algo al respecto), os voy a dar un par de consejos -en forma de app- que incrementarán la seguridad de vuestras comunicaciones con vuestros pacientes.

La primera de ellas es PrivateMSG, app gratuita para Android e iOS, de origen español y de funcionamiento muy simple. El receptor y el emisor deben compartir una contraseña, la misma para los dos. Se introduce el texto a cifrar, devuelve un texto cifrado, se copia dicho texto y se pega en Whatsapp. Nuestro receptor deberá hacer lo mismo. Puede parecer tosco, pero es eficaz y mantiene la posibilidad de seguir comunicándose usando Whatsapp. También se pueden cifrar y descifrar mensajes a través de la web. Por supuesto, se puede usar en cualquier otro tipo de mensajería, como pueda ser Facebook Messenger o Skype.

La segunda es quizás la más sorprendente de todas. Se trata de ChatSecure, una app open source, también es gratuita, y es interoperable con protocolos XMPP / Jabber, como los usados por Facebook Messenger y Google Talk / Google Hangouts. Es posible utilizar servidores públicos XMPP, servidores propios -si los tenemos- e incluso puede utilizar Tor, más conocida por ser "el Internet profundo". A todos los efectos se comporta como un cliente de chat normal, con la diferencia de que en cualquier momento podemos cifrar la conversación, e incluso hacer que se borre al abandonarla.

El hecho de que pueda funcionar sobre Hangouts la hace muy interesante; todos los usuarios de Android tienen cuenta Google, así como un buen número de usuarios de iOS, así que desde el punto de vista de capilaridad, puede que esté muy cerca de las cifras de Whatsapp. Recordar que el mercado de smartphones en España está repartido en una proporción 80:20 a favor de Android, aproximadamente.

Personalmente me gusta más ChatSecure; yo lo tengo instalado usando mi cuenta de Google Talk y funciona muy bien.

En cuanto al mail, son legión los que usan Gmail para dar este tipo de soporte. Pero este servicio tiene un problema: al usarlo en su forma gratuita, el contenido de los mails es leído por bots (para el funcionamiento de Google AdSense), con lo que no cumpliría el requisito de secreto de comunicaciones en primer lugar, y secreto médico-paciente en segundo. 

La solución es sencilla: contratad el servicio de pago, Google Apps, que es muy económico -el coste anual no es muy alto- con lo que no tendréis bots. Un dato: el Departament d'Ensenyament de la Generalitat de Catalunya migró ya hace unos años TODO su servicio de correo corporativo (xcat.cat) a Google Apps. Es una muestra de la solidez y seguridad de la versión de pago de Gmail.

Si estáis en una organización, usad una cuenta de correo corporativa. En cuanto al paciente, no podemos evitar que use su dirección actual, con lo que si no ciframos los mensajes poco podremos hacer al respecto. Bueno sería el uso de certificados digitales en ambos extremos.

Resuelto el tema técnico viene el tema legal. Da lo mismo si es mensajería instantánea o email, pero para ambos casos las recomendaciones son muy parecidas:
  1. Si trabajamos en una organización sanitaria, debemos tener la autorización del responsable de seguridad de la misma. Él (o ella) será el encargado de mantener el documento de seguridad de la organización, al que obliga la Ley de Protección de Datos. Si trabajas por tu cuenta en tu consulta privada, tú eres el responsable. En este link encontrarás la Guía de Seguridad que te ayudará a crear y mantener dicho documento.
  2. Deberás hacer firmar un consentimiento informado de protección de datos. Recuerda que estás manejando datos de nivel de protección alto, y en este caso el Reglamento de la LOPD indica explícitamente que el paciente debe firmar dicho consentimiento. No hay excepción. No sirve el cartel informativo para el caso de grabación continua de video en circuito cerrado.
  3. Por tu seguridad y comodidad, deberás dar unas instrucciones de uso del servicio muy claras.
  4. Deberás tener identificado el número de teléfono o dirección de mail desde el que te puedan hacer consultas.
  5. Recuerda las limitaciones legales, colegiales y éticas del servicio que prestas. Usar un servicio en el que TODO queda por escrito en ambos lados requiere que sea gestionado de la manera más escrupulosa posible.
A partir de aquí será más fácil hacer normal lo que ya es normal a nivel de calle.

¿Preguntas?

El smartphone de mi hija.

Llevo días leyendo tanto en prensa como en algún blog diferentes noticias y reflexiones sobre smartphones y (pre)-adolescentes. Así, sin ir más lejos, en pocos días en "El País" han aparecido los artículos "El 38% de los niños menores de dos años usa el ‘smartphone'" y "La edad del pavo, en digital".

Dado que la mayoría de padres y madres del país pueden estar encuadrados -muy a su pesar- en el capítulo de tecnoescépticos / tecnopesimistas, y que por circunstancias personales, Júlia dispone desde el mes de septiembre de un smartphone -mi venerable y querido Samsung Galaxy Mini- y que mañana dispondrá de un equipo más potente y capaz, he querido compartir con vosotros unas cuantas reflexiones sobre lo que implica un smartphone en manos de un menor y cómo tener un control efectivo sobre el mismo.

En mi caso, Júlia tiene 12 años y este año ha iniciado el instituto. Esto ya da una idea de que ya hay ciertos desplazamientos que paulatinamente pasará de hacerlos acompañada a hacerlos sola.

Por otro lado, el entorno. Todos sus compañeros ya disponen de smartphone. Ella era la única que no disponía del gadget.

Para acabar, mi situación personal. Divorciado, mi ex-mujer estaría encuadrada dentro de la categoría tecno-refractaria. Existe un acuerdo tácito entre nosotros de que yo me haga cargo de la protección remota de las niñas y de su entorno. Para aderezarlo un poco más, en el último mes he estado tres semanas en México y la previsión es que la pauta de viajes se mantenga en la misma proporción 3:1 en los próximos meses.

Dicho todo esto, empezaremos por el principio: no es un problema de tecnología, sino de educación y diálogo. A la niña hay que darle unas pautas de uso bien claras, le gusten o no le gusten, y hay que ser inflexibles en su aplicación. No debería recordaros que por muy preadolescentes que sean, el uso -o mal uso- que hagan del terminal móvil es responsabilidad nuestra, de los padres. Se lo tenéis que dejar bien claro.

También hay que ser flexible. No podemos mostrarnos excesivamente controladores. No debemos prohibir, sí debemos acompañar. Tiene que existir diálogo entre los niños y nosotros, bien entendido que no somos sus colegas, sino sus padres. Si señalamos un comportamiento inadecuado o prohibimos cualquier cosa, debemos razonar. Debemos ganar con inteligencia. Recordad que están en una fase de afirmación de personalidad, y que si antes eran niños pero no tontos, ahora ya son adultos jóvenes en construcción, que están continuamente buscando redefinir los límites que les marcamos. El "porque lo digo yo" no funciona. Son preadolescentes y sé que para muchas cosas es muy complicado discutir según qué, pero vale la pena el esfuerzo, no sea que más adelante lo tengamos que lamentar.

Si establecemos medidas de vigilancia y control, ellos las tienen que conocer. Hay que tranquilizarlos sobre el objetivo del control y que será automatizado, que sólo actuaréis en caso de existir una alerta.

En mi caso el enfoque de conversación instructiva y diálogo, más el conocimiento de las medidas de control y el por qué de las mismas ha evitado un par de sustos. Es en serio.

Segundo paso, elección del terminal: no quisiera ser más papista que el Papa, pero deberíamos optar siempre por terminales de gama media o baja. Al principio no lo van a cuidar mucho, se les caerá, lo decorarán con stickers, dibujarán en la carcasa cualquier cosa con rotuladores de tinta indeleble... Hacedme caso, no le compréis un iPhone. Sufriréis mucho. Os recomiendo que como terminal inicial, que uséis uno antiguo que ya no uséis -y que funcione-, preferentemente Android, como mínimo con Android 4.x.

Júlia dispone actualmente de un Samsung Galaxy Mini de 2011 y el día 6 recibirá un Moto G (2013) de 16Gb. El cambio de terminal obedece a las necesidades de comunicación entre las niñas y yo cuando estoy "allende los mares". El Galaxy Mini ya no soporta Skype, y ha hecho que me decante por una máquina mucho más moderna y capaz. El nuevo dispositivo mueve Android con una soltura que ya la quisieran muchos terminales de gama alta, y su relación precio-calidad es excepcional: un Snapdragon de 4 núcleos y 4,5" con pantalla Gorilla Glass por 159€.

Tercer paso, asegurar el terminal: no se trata de contratar un seguro, sino de establecer la configuración segura más óptima para el uso de vuestro hijo. En el caso de Júlia, las medidas de protección son:
  1. Júlia no conoce las contraseñas de acceso a Gmail.
  2. Júlia tiene habilitada la protección por edad de Google Play. ¿Cómo? Desde la app, ir a Ajustes, Filtro de contenido. Ajustar el nivel de filtraje a la edad de nuestra hija, pedirá un PIN -que por supuesto el niño no debe conocer- con lo que las apps con contenido inapropiado a priori no podrían ser descargadas por el menor.
  3. Júlia tiene habilitada la ubicación. Es más por tranquilidad de su madre y mía -vamos, es psicológico- que no por la niña. En caso de necesidad, me permitiría saber desde otro móvil o un ordenador los movimientos de Júlia y su móvil sobre un mapa.
  4. Júlia tiene instalado el Android Device Manager. Esta app nos permitirá el borrado remoto, la recuperación del móvil en caso de extravío o la localización de la niña. Es una ampliación de los ajustes de ubicación.
  5. Júlia tiene instalado el Norton Family como app de control parental. Protege a la niña de acceder a webs con contenido inadecuado, y en caso de probar el acceso, los padres reciben un mail notificando el evento. Yo tengo las prestaciones básicas -gratuitas- activadas.
  6. Júlia sabe que si le pido el terminal para examinarlo, me lo debe entregar sin dilación. No hay discusión posible.
  7. Júlia sabe que dentro del instituto tiene prohibido poner en marcha el terminal. El primer día que tuvo el terminal, cometió el error de encenderlo, y lo descubrí: estuvo semanas con el terminal incautado, porque había faltado a la confianza que habíamos depositado en ella. Tras este período, se le devolvió. No ha vuelto a caer en la tentación...
  8. Las facturas las paga Júlia. Sí, habéis leído bien. El coste del contrato de su línea -es un tipo de contrato que si no hay consumo, no paga nada- lo asume íntegramente ella. La línea la tiene con Simyo.
Uso que le ha dado en este tiempo: La aplicación que más ha usado, sin duda, ha sido Whatsapp. Del examen de su móvil se deduce que usan los grupos para intercambiar información sobre asignaturas concretas, aunque también hay algunos que son más lúdicos. Para quién se rasgue las vestiduras, le recuerdo que hay bastantes niños que ya disponen de tablet y que usan Hangouts exactamente con el mismo fin. Y al fin y al cabo las reglas de uso no son tan diferentes. Lo que sí es importante es la inspección periódica del contenido de los chats, así como del tráfico de correo electrónico. Veréis que en el caso del mail, prácticamente no lo usan.

También ha usado hangouts para la corrección de sus tareas escolares a distancia, cosa que ha resultado particularmente eficaz.

Conclusión: Como veis, he hablado más de crianza que no de tecnología. Habilitar al menor en el uso de smartphones implica acompañarlo para que descubra sus innegables ventajas pero para ser muy instructivo en cuanto a los riesgos.

Acompañándolos a ellos en su transformación, nos transformamos a nosotros mismos.