lunes, 5 de agosto de 2013

Ex-maridos, informáticos.

Hace dos años escribía Maridos, informáticos, donde narraba algunas de las cuitas a las que habitualmente nos enfrentamos fuera de horario laboral, en un entorno a menudo tanto o más hostil que el territorio comanche que, a veces, se convierte la oficina: nuestro propio hogar.

Pero la vida sigue, y hay veces en las que tu relación sufre un giro inesperado y se produce algo que no deseo a nadie... el marido se convierte en ex-marido. Pero sigue siendo informático.

¡Oh, cielos!

A nuestro particular McGyver la primera vez, aprovechando que devuelve a sus retoños al hogar materno, le pedirá que se haga cargo de un problema en el ordenador, porque ella tiene un amigo que es un crack y no ha sabido resolverlo. Tras una revisión somera de las tripas del invento, nuestro esforzado héroe determinará que el amigo en realidad es un crack-catacroc... así que falto de tiempo, porque ha quedado, porque no quiere quedarse, o por la excusa que queráis, cuando le dice que se debe ir -sin haber acabado la tarea-, ella le espetará a bocajarro la frase "pues antes me arreglabas más cosas", variante de la mítica "antes hablabas más conmigo". Para ella nada ha cambiado: no le calienta los pies -antes se los calentaba poco- pero debe seguir siendo el genio resuélvelo-todo...

Otra vez se encontrará en un escenario de zona catastrófica, pues ella habrá tirado la tele al suelo -mover el mueble y retirar la tele... ¡eso es de nenazas!-, se le habrá estropeado la nevera y la puerta de garaje no funciona... naturalmente, nuestro héroe, sabiendo que ni Pavlov le garantiza que calentará pies en mucho tiempo, da una ojeada somera y dictamina que tiene que llamar a dos técnicos diferentes y comprar una nevera nueva, lo que no le libra de escuchar una suave pero potente jaculatoria y sufrir la hiriente ironía, rayana en el sarcasmo, sobre que lo cambien por dos, o mejor, tres jovencitos, de entre 18 y 20 años...

Hoaxes, virus, amenazas, pagos por Internet, smartphones... por tierra, mail, y aire -y Whatsapp- o por teléfono, el ex-marido siempre debe estar alerta... aunque francamente, él prefiere estar alerta por otros menesteres, como pueda ser alguna señora estupenda, por poner un ejemplo casual.   

Afortunadamente, nuestro héroe -que más de una vez se ha planteado convertirse al budismo zen- tiene paciencia, esperando que la ex-mujer cace a otro informático -o el informático crea que la caza a ella-, sin darse cuenta que está a punto de transformarse de una manera radical, como se transforma un gusano en una mariposa, pasando por el status intermedio de capullo...

Está a punto de convertirse en un padre, informático.

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