viernes, 14 de septiembre de 2007

Las aplicaciones informáticas sanitarias "ladrillo"

Hola de nuevo,

hoy he estado evaluando una aplicación informática sanitaria -un HIS, vamos- de un proveedor (permitidme no revelar la empresa).

Y me ha dado que pensar.

Mi formación es informática y digamos que estoy "entrenado" para que todo aquello que sea susceptible de ser medido, contado o analizado esté codificado...

Por otro lado tenemos al médico, que está orientado a dotar de mayor calidad de vida a los pacientes, ya sea curándolos o prescribiendo un tratamiento para que su vida sea lo más normal posible.

Ellos acostumbran a registrar en las historias clínicas todo aquello que sea significativo según su especialidad y formación y les sirve de guía recordatorio, lo que permite una continuidad asistencial que de otro modo sería harto dificultosa...

Codifican lo más mínimo o no codifican... si lo hacen siempre es forzados por algún motivo: pago de actos clínicos, benchmarking, estudios clínicos, CMBD, GRDs y otros.

La combinación de la formación de unos y las necesidades de otros hacen que la gran mayoría de aplicaciones informáticas sean "ladrillos", más o menos pesadas de cumplimentar y no muy ágiles que digamos.

No extraña, por tanto, que algunos usuarios clínicos durante sus primeros contactos con la informática, soplen y resoplen, y aunque no quiero generalizar, la resistencia suele ser proporcional a la edad del usuario.

Al final, por imposición, por resignación (o la palabra que queráis poner acabada en "on") el usuario "acata" el modo de funcionamiento e internamente añora cuando en la facultad el enseñaron como registrar en una simple y humilde hoja de papel...

"El punto óptimo de un matrimonio se alcanza cuando ambas partes llegan al mismo grado de insatisfacción".

Yo creo que en general, nosotros informáticos, no hemos pensado demasiado en cómo romper el círculo vicioso.

La verdad es que hoy día, con imaginación y las técnicas actualmente disponibles, estamos en disposición de acercarnos, de reducir el GAP entre las necesidades de información y la buena praxis diaria.

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