jueves, 12 de enero de 2012

Los clínicos son de Venus y los informáticos de Marte.

Esta historia empieza hace ya casi un mes cuando en el blog SobreviviRRHHé! se publica ”Empatía informática”, una entrada en la que se comentaba la posibilidad de que un programa informático pudiera enseñarnos algo tan intrínseco a la naturaleza humana como la empatía.

Aquella entrada generó  un comentario, y aquel comentario hoy se ha convertido en esto que hoy podéis leer aquí.

Retomando el hilo de aquel post, si a la empatía, añadimos a la coctelera de las emociones humanas dos colectivos profesionales tan diferentes, y al mismo tiempo, tan cercanos, como profesionales sanitarios y profesionales de las tecnologías de la información (TIC), debemos andar con los pies de plomo pues hay un recelo entre ambos colectivos sólo justificado por el desconocimiento que hay entre ellos. Y es que, no nos engañemos, la capilaridad de las TIC es tal que en estos momentos llegan a todos los rincones “profesionales” sin excepción. 

La realidad es que en general se asocia la implantación de una solución TIC a una mayor eficiencia y también, a una mayor eficacia, de los procesos productivos de una organización, pero también, en ciertos colectivos, aparece lo que en su momento Isaac Asimov, en su serie de textos sobre los robots, denominó muy acertadamente “el complejo de Frankenstein”. Y este complejo, mal gestionado, puede desembocar en fracaso, aunque implantemos el mejor sistema de información del mundo. Es igual.

En nuestro sector, también es así.

Resumiendo, si hay un factor común en cualquier fracaso de un sistema de información en los años que llevamos trabajando en informática, quizás éste sería el rechazo de los usuarios al sistema de información.

Como indica Scott Morton y otros autores, como Shoshana Zuboff, la aplicación de las TIC ha evolucionado (y seguirá evolucionando) a través de tres estadios:

1. Automatización del trabajo
2. Gestión de la información
3. Transformación del modelo de negocio o de operación

El problema es que muchas veces estos estadios funcionan como la pirámide de Maslow: No es posible conseguir el nivel 2 sin haber asegurado el nivel 1 ni el 3 sin haber puesto a punto antes los niveles 1 y 2.

A esto se une un abordaje incompleto (siendo “elegante”) de la complejidad de los sistemas de información abordados. En el libro Information Paradox que pueden descargar aquí, John Thorp identifica 4 dimensiones para evaluar para la complejidad de las TI:

1. Linkage o relación entre el esfuerzo a dedicar en nuevos sistemas de información y el retorno esperado
2. Reach o la representatividad del conjunto de usuarios que participa (tanto verticalmente en la cadena de mando como horizontalmente en la cadena de valor) en definir el nuevo sistema de información
3. People o cuál es el valor que el nuevo sistema de información aporta a cada miembro de la organización (Esto es, porqué tendrían que apoyarlo)
4. Time o el compromiso progresivo de los recursos, la toma de riesgos poco a poco, y la medición progresiva del retorno, es decir, evitar tener que hacer desembarcos de Normandía para un objetivo desconocido o no compartido por toda la organización.

Bien, en este contexto nos adentramos en la empatía informático-profesional sanitario: Muchas veces éstos últimos ven a los informáticos como el culpable de todos sus males cuando son simples mensajeros, y los primeros ven a los profesionales sanitarios como que disfrutan boicoteando los nuevos sistemas cuando en realidad lo que les preocupa es cómo éste les va a facilitar la atención a los pacientes o la toma de decisiones.

Adjuntamos algunas posibles causas de esta situación para que podáis identificarlas (esto no es un diagnóstico diferencial, aquí es posible marcar varias respuestas):

a. La empresa proveedora ha sido víctima de el síndrome “Ve programando el software que el mes que viene ya te diré qué es lo que quiero exactamente”. Más información aquí.
b. La entidad contratante ha sido víctima de un recorte presupuestario considerable para su proyecto sin modificar (o modificando al alza) los requisitos. Nadie da duros a cuatro pesetas (en euros ya nos podemos hacer una idea)
c. Ni la empresa proveedora ni la organización que contrata han evaluado bien (ya hemos dichos que queremos ser “elegantes”) la complejidad del sistema de información que pretenden implantar y por tanto tampoco qué beneficios aporta a los usuarios. Houston tenemos un problema.

Resumiendo:

Por favor señores profesionales sanitarios, no pongan esa cara cuando un paciente que acude a consulta les responde que es informático cuando le realizan la anamnesis.

Por favor, señores informáticos, tengan en cuenta que detrás de un profesional sanitario cabreado con su sistema de información siempre se esconde alguna petición útil para incorporar en próximas versiones y hacernos todos la vida más fácil.

Autor:
Juan Carlos Muria (@juancarlosmt)

Colaboradores:
Rafael Pardo (@RPardo1)
Iñaki González (@goroji)

No hay comentarios:

Publicar un comentario en la entrada