viernes, 6 de febrero de 2009

El buen vivir y el bien morir.

Estos días son luctuosos para el equipo de trabajo donde estuve integrado el año pasado.

Uno de los profesionales del equipo, con el que tengo una relación estrecha, está "bajo de moral".

El motivo: a su padre le han detectado un cáncer en el pulmón... y parece que no hay curación posible.

Hablando con él, me comentaba que él está bien porque ve a su padre bien, pero que no sabe como reaccionará cuando pase...

Para este amigo, es una situación complicada.

Es curioso que, de acuerdo con nuestra educación y escala de valores, se nos enseña a vivir, a disfrutar de la vida, a pensar en "vivir para siempre", y en cambio, todo lo que rodea a la muerte y sus ritos se trata mucho más por encima, casi como un tabú.

Para este amigo, el choque creo que es brutal, pues siempre pensamos que los padres van a estar con nosotros siempre, y aunque en algún rincón remoto de nuestra conciencia nos dice que esto no es así, la verdad es que tendemos a ignorarlo...

De pensar que tienes tiempo para explicar y compartir a pensar que no debes olvidar aquello que quieres decir, antes de que sea tarde.

De aguantar tu dolor y pena, anticipándote a la pérdida, de aplacar tu ira y tu rabia al pensar "¿y por qué me está pasando a mí?"

Y para el paciente... si sabe la gravedad y alcance de su enfermedad, también es duro, sólo hay que repasar "La última lección" y nos podremos hacer una idea.

La actitud delante del hecho más importante en la vida, junto al momento del nacimiento, es plenamente comprensible.

Para el paciente también es un trauma pasar de no saber (y esperar) que cuando llegue este momento, mejor si no se entera, a ser plenamente consciente que su tiempo tiene un límite.

También es cierto que, a parte del previsible sentimiento de pérdida y negación, probablemente se tenga miedo no del hecho de la muerte en sí, sino de no saber que hay después.

Es de suponer que muchos de los que están en este trance tendrán refugio en su fe...

Las religiones dan diferentes respuestas a qué pasa después, desde el enfoque (muy pavloviano, por cierto) premio / castigo, cielo / infierno, de las confesiones de raíz judeocristiana, hasta las ideas sobre reencarnación comunes a confesiones de origen oriental como el budismo...

Recuerdo que mi abuela paterna, gravemente enferma, tuvo una serie de hemorragias muy fuertes que provocaron que entrara en parada... cuando se recuperó, contó que había visto una luz blanca y que había visto y oído a mi abuelo, muerto hacía años, y que éste le había dicho que aún no había llegado su momento y debía volver...

Este tipo de relatos, con diferentes matices, se repiten en labios de quienes, en algún momento, han pasado por una situación similar a la de mi abuela.

He oído alguna explicación de estos fenómenos en cuanto a que son alucinaciones provocadas por la interrupción de riego sanguíneo en el cerebro...

No quiero entrar mucho más en el tema, pues ya es bastante duro, y quizás entraríamos en terrenos pantanosos en los cuales no quiero entrar, al menos aquí.

Pero, tras esta reflexión, y volviendo al hilo original del post, si que creo que el paciente, ante esta situación, debe tener la oportunidad de poder despedirse de sus seres queridos, y quien sabe, hacer algún sueño realidad...

Este tipo de temas hacen que me sienta muy pequeño e ignorante y creo que sólo cabe la siguiente reflexión: "Abba, Abba, ¿por qué me has abandonado?"

1 comentario:

  1. Es curioso que en "La Vanguardia" de hoy (http://www.lavanguardia.es/ciudadanos/noticias/20090206/53633329880/si-te-escapas-de-la-muerte-te-escapas-de-la-vida-torralba-eros-ciceron-cuesta-paris.html) se toque,de otro modo, el mismo tema... el post lo escribí ayer aunque lo he publicado hoy.

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