Tacones lejanos

Mi próximo libro va a versar sobre una historia de intriga y espionaje en la España del siglo XVIII. Para poder ambientar correctamente el relato, uno de los aspectos sobre los que he tenido que investigar ha sido la vestimenta. Y entre la vestimenta, el calzado tiene un tratamiento especial. En aquella época, hombres y mujeres usaban zapatos de tacón. ¿Por qué?

Buena pregunta. La historia del cómo no es tan sencilla como pudiera parecer a primera vista.

De hecho, probablemente habríais tenido que esperar al lanzamiento del libro, si no hubiera sido por este tuit que ha aparecido esta mañana en mi TL:


Que apuntan a este otro tuit:
No me extenderé en la interpretación del abstract, ni en referencias como "Natural selection and High Heels", que parecen apoyar la misma tesis, a pesar de los problemas que puede suponer llevar tacones(1)(2). Si queréis buscar más información sobre ello, una fuente autorizada es el blog Miranda Trauma de la Dra. Eugènia Miranda. (3)(4)(5)(6)(7)

Un poco de historia. 

Los chapines.


Chapines venecianos. Madera forrada de piel. Hacia 1740. Fine Arts Museum. Boston.
Imagen del blog "Arte y demás historias, de Bárbara Rosillo"
Aunque ya en la España musulmana las mujeres usaron zapatos de plataforma compuesta por diferentes planchas de corcho para aislar el pie de la humedad del suelo, no es hasta el siglo XV que aparece el primer antecesor del zapato de tacón, el chapín. De acuerdo con los blogs "Indumentaria y vida cotidiana en España", y "La Alétheia de Zorba", fue muy popular en los siglos XV, XVI y XVII, expandiéndose por la Italia renacentista (siendo también muy popular en Venecia), y de ahí, al resto de Europa. La altura de los chapines era diversa: en el blog mencionado anteriormente se afirma que en algún caso en España se alcanzaron los 10 centímetros de altura, mientras que en Venecia se llegaron a superar los 50 centímetros.

Chapines venecianos. Siglo XVI. Plataforma superior a 50 cm.
Museo Palazzo Mocenigo. Venecia.
Imagen del blog "Arte y demás historias, de Bárbara Rosillo"
El propósito de este calzado era el de posibilitar los vestidos más largos. Dado que a Venecia se la conoció como la República de las mujeres, hay quien dice que los chapines venecianos fueron introducidos por el Dux para hacer que las mujeres, que estaban alcanzando una gran preponderancia política, usando este zapato se sintieran inseguras; las descripciones de la época indican que para caminar, debían auxiliarse de una o dos personas.  

También es cierto que allí alcanzó una gran popularidad, tanta, que las prostitutas hicieron que el chapín fuera su calzado, con lo que al final, cayó rápidamente en desuso.

Chapines y literatura.

Cabe decir que los chapines no pasaron desapercibidos a los escritores del Siglo de Oro y contemporáneos.

Quevedo y Lope de Vega, por ejemplo, dan rienda suelta a la sátira más descarnada.

Así, Quevedo, en El mundo por de dentro: “Si la besas te embarras los labios; si la abrazas, aprietas tablillas y abollas cartones; si la acuestas contigo, la mitad dejas debajo de la cama en los chapines….”.

O Lope de Vega en El perro del hortelano:
“No la imagines vestida 
con tan linda proporción 
de cintura, en el balcón 
de unos chapines subida. 
Toda es vana arquitectura; 
porque dijo un sabio un día 
que a los sastres se debía 
la mitad de la hermosura.”

También Lope de Vega en La prudente venganza: “Casóse un hidalgo, amigo mío, de buen gusto, y la noche primera que se debía celebrar el himeneo, vio a su mujer apearse de tan altos chapines y quedar tan baja, que le pareció que le habían engañado en la mitad del precio justo”.

Hasta Shakespeare lo utiliza en un diálogo de Hamlet, en el que el propio Hamlet concluye una frase diciendo: “desde la última vez que os vi, vuestra merced se ha acercado al cielo en la altura de un chapín”.

Los tacones.

Pero para seguir con nuestra historia, debemos trasladarnos al siglo XVI.

En este siglo, el Sha Abbas I el Grande de Persia disponía de la caballería más grande del mundo. Un buen ejército de caballería era esencial en el estilo de combate en Persia. Cuando los soldados se aferraban a sus estribos, el tacón ayudaba a sujetarse al caballo y así poder disparar sus flechas con más precisión.

Persian Riding Boot, 17th century.
Bata Shoe Museum, Toronto.
En 1599, el Sha envió emisarios a Europa para buscar aliados contra el Imperio Otomano. Tras las visitas a diferentes naciones europeas, una ola de interés en todo lo que tenía que ver con Persia inundó Europa Occidental.

Los zapatos al estilo persa fueron adoptados con mucho entusiasmo por aristócratas que buscaron tener una apariencia viril, una masculinidad que para ellos sólo podía alcanzarse calzando zapatos de tacón. Las mujeres no tardaron en adoptar este calzado como símbolo de poder. Así pues, hasta finales del siglo XVII la alta sociedad europea adoptó una moda unisex en cuanto a calzado se refiere. A partir de este momento van evolucionando, cambiando el tacón del hombre a más bajo y cuadrado, mientras que el de la mujer adoptaba formas curvas.

La moda masculina giró hacia una ropa más práctica. En Inglaterra, la aristocracia comenzó a vestir ropa sencilla vinculada al trabajo. Poco a poco, los hombres comenzaron a utilizar tacones más prácticos, así que dejaron de utilizarlos paulatinamente.

En la época victoriana, definitivamente, el zapato masculino pierde el tacón, quedando ya como lo podemos encontrar actualmente.

En cuanto a las mujeres, los tacones desaparecieron 50 años antes de la Revolución Francesa; pero a mediados del siglo XIX la pornografía los rescató. Las fotos de modelos desnudas adoptando poses clásicas subidas a zapatos de tacón primero, y la moda después, ayudaron a que la mujer considerara el zapato de tacón como un accesorio erótico... y la historia continúa hoy día.

Puede que la próxima vez que os pongáis unos taconazos, recordéis este post y se os escape una sonrisa...