miércoles, 18 de febrero de 2009

Sobre las opiniones subjetivas.

El entorno personal en el que me muevo, en cuanto a la generación que me antecede, está, por franja de edad, por encima de los 60 años, lo cual conlleva a que una parte significativa de su tiempo pasa necesariamente por un entorno sanitario...

Visitas con un médico o el otro, control SINTROM, una prueba diagnóstica u otra... y de manera recurrente, cuando se reunen los hermanos, cuñados, consuegros, invariablemente se saca a colación las enfermedades (pasadas, presentes y supuestas) y, no lo dudéis, se comenta todo lo que rodea a las mismas.

  • Pues oye, a mí me han tenido 6 meses en espera para tal prueba.
  • Jo, pues a mí, me han tenido que repetir la analítica.
  • Si yo te explicara... como se estropeó no se qué equipo médico, me han derivado a otro centro y aún no me han llamado...
  • Pues oye, el Doctor Zutanito me ha ido muy bien...
  • Este hospital va muy bien en tal especialidad o tal otra, porque está el Doctor Menganito y a mí me lo encontró todo...

No deja de ser curioso que la población, de un modo anárquico y absolutamente subjetivo, hace un benchmarking entre centros sanitarios, usando como parámetros diferenciales diferentes factores:

  • el que tengan a un profesional mediático en un determinado servicio o
  • que el centro haya sido fundado por un profesional mediático hace muchos años o
  • que el centro disponga de una determinada tecnología diagnóstica o de tratamiento, o
  • que determinada personalidad pase sus revisiones médicas en ese centro, o
  • ... o
  • sencillamente porque el paciente se siente satisfecho con el trato humano y el tratamiento recibidos.

Es decir, que, de alguna manera, el ciudadano paciente es sensible a la imagen corporativa que puede proyectar o proyecta un centro sanitario, y que cualquier detalle puede hacer que mejore o empeore esta imagen.

Recuerdo un post del blog de Paul Levy, en el que decía que su organización iba a comprar un equipo de cirugía robótica Da Vinci, no por que él creyera en su eficacia, sino porque otros centros sanitarios de Boston lo habían comprado y debía proteger su cuota de mercado... por cierto, en otro post, ofrecía una visión más o menos en la línea de lo que os estoy comentando.

En nuestro país, este tipo de comentario (el de la compra del equipo Da Vinci) sólo sería posible (creo) en una institución que basase un gran porcentaje de facturación en mutuas y pacientes privados.

Como siempre, me puedo equivocar.

Tecnología inalámbrica en entorno sanitario.

Leyendo este artículo en "Digital HealthCare & Productivity", he encontrado una frase que me ha hecho reflexionar, referida al uso de tecnología inalámbrica en entorno sanitario:

"Hay un gap entre lo que técnicamente somos capaces de hacer y lo que realmente hacemos".

Frase lapidaria donde las haya...

Creo que, en este caso, hay diferentes consideraciones...

La primera, económica, pues a lo mejor, poner dispositivos MCA al alcance del personal de atención en planta de un hospital, a mas o menos 2000€ la unidad, más la infraestructura de comunicaciones y de seguridad necesarias, no está al alcance de todas las organizaciones, y más en un momento de dificultades presupuestarias.

La segunda, cultural, pues creo que estamos en general acostumbrados a que sea el paciente el que acuda a consulta, que es donde tenemos normalmente la infraestructura IT, y en cambio, estamos mucho menos o nada acostumbrados a que el clínico se desplace a ver al paciente con una infraestructura portátil "a cuestas".

La tercera, de seguridad, no tan sólo informática: debemos blindar las partes inalámbricas basadas en WiFi y debemos analizar los riesgos, si los hay, de operación de dispositivos inalámbricos en entornos de soporte vital, como puedan ser la unidades de cuidados intensivos.

La cuarta, costes añadidos de comunicaciones, pues en casos de asistencia extrahospitalaria se puede hacer necesario la conectividad GPRS / UMTS, con lo que además habría un coste por tráfico de datos.

Si además se requiere la recepción de imagen médica en el dispositivo móvil, nos podemos encontrar que, fácilmente, podemos superar el volumen máximo por el que están indexadas actualmente las conexiones de datos, con lo que el operador de turno automáticamente reduciría la velocidad de bajada (en el caso 3G, de 3,7Mb a 128Kb).

Nadie dijo que fuera fácil.

Hay organizaciones y centros en nuestro país que han hecho (y hacen) uso de un modo pionero, de las ventajas que proveen las tecnologías asociadas a movilidad (PDAs, smartphones, tabletPC o MCA, entre otros), pero es poco menos que una gota en el océano...

lunes, 9 de febrero de 2009

Otro ejemplo de telemedicina de bajo coste.

Hoy he leído esta entrada en "Digital HealthCare and Productivity" en la que hacen una introducción al trabajo de una ONG llamada Swinfen Charitable Trust.

Esta ONG conecta a médicos y hospitales de 39 países, y permite que éstos puedan buscar ayuda y consejo especializado sobre pacientes más allá de sus capacidades.

Visto así, no llama demasiado la atención, hasta que se lee la historia desarrollada en el "Washington Post".

Realmente la innovación reside en que una pareja de jubilados británicos (cabe decir que son un tanto atípicos, él es miembro de la Cámara de los Lores), han conseguido montar una red social de ayuda médica, en la que equipos médicos de cualquier país del mundo puede enviar por email solicitudes de consejo médico sobre casos clínicos concretos, y la ONG contacta con especialistas voluntarios para que aporten su conocimiento... y todo ello vía email.

En el artículo del "Washington Post" muestran unos cuantos ejemplos de su trabajo.

Y como ellos dicen, "la ayuda está a un email de distancia".

viernes, 6 de febrero de 2009

El buen vivir y el bien morir.

Estos días son luctuosos para el equipo de trabajo donde estuve integrado el año pasado.

Uno de los profesionales del equipo, con el que tengo una relación estrecha, está "bajo de moral".

El motivo: a su padre le han detectado un cáncer en el pulmón... y parece que no hay curación posible.

Hablando con él, me comentaba que él está bien porque ve a su padre bien, pero que no sabe como reaccionará cuando pase...

Para este amigo, es una situación complicada.

Es curioso que, de acuerdo con nuestra educación y escala de valores, se nos enseña a vivir, a disfrutar de la vida, a pensar en "vivir para siempre", y en cambio, todo lo que rodea a la muerte y sus ritos se trata mucho más por encima, casi como un tabú.

Para este amigo, el choque creo que es brutal, pues siempre pensamos que los padres van a estar con nosotros siempre, y aunque en algún rincón remoto de nuestra conciencia nos dice que esto no es así, la verdad es que tendemos a ignorarlo...

De pensar que tienes tiempo para explicar y compartir a pensar que no debes olvidar aquello que quieres decir, antes de que sea tarde.

De aguantar tu dolor y pena, anticipándote a la pérdida, de aplacar tu ira y tu rabia al pensar "¿y por qué me está pasando a mí?"

Y para el paciente... si sabe la gravedad y alcance de su enfermedad, también es duro, sólo hay que repasar "La última lección" y nos podremos hacer una idea.

La actitud delante del hecho más importante en la vida, junto al momento del nacimiento, es plenamente comprensible.

Para el paciente también es un trauma pasar de no saber (y esperar) que cuando llegue este momento, mejor si no se entera, a ser plenamente consciente que su tiempo tiene un límite.

También es cierto que, a parte del previsible sentimiento de pérdida y negación, probablemente se tenga miedo no del hecho de la muerte en sí, sino de no saber que hay después.

Es de suponer que muchos de los que están en este trance tendrán refugio en su fe...

Las religiones dan diferentes respuestas a qué pasa después, desde el enfoque (muy pavloviano, por cierto) premio / castigo, cielo / infierno, de las confesiones de raíz judeocristiana, hasta las ideas sobre reencarnación comunes a confesiones de origen oriental como el budismo...

Recuerdo que mi abuela paterna, gravemente enferma, tuvo una serie de hemorragias muy fuertes que provocaron que entrara en parada... cuando se recuperó, contó que había visto una luz blanca y que había visto y oído a mi abuelo, muerto hacía años, y que éste le había dicho que aún no había llegado su momento y debía volver...

Este tipo de relatos, con diferentes matices, se repiten en labios de quienes, en algún momento, han pasado por una situación similar a la de mi abuela.

He oído alguna explicación de estos fenómenos en cuanto a que son alucinaciones provocadas por la interrupción de riego sanguíneo en el cerebro...

No quiero entrar mucho más en el tema, pues ya es bastante duro, y quizás entraríamos en terrenos pantanosos en los cuales no quiero entrar, al menos aquí.

Pero, tras esta reflexión, y volviendo al hilo original del post, si que creo que el paciente, ante esta situación, debe tener la oportunidad de poder despedirse de sus seres queridos, y quien sabe, hacer algún sueño realidad...

Este tipo de temas hacen que me sienta muy pequeño e ignorante y creo que sólo cabe la siguiente reflexión: "Abba, Abba, ¿por qué me has abandonado?"